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Centenario
Brecht y la poética de la libertad
Luis Suardíaz
Bertold Brecht (10 de febrero de 1898-14 de agosto de 1956) comenzó su extraordinaria labor poética a los 15 años y no cejó en el empeño mientras su corazón latió, siempre al impulso de la época. Sin embargo, su cetro fue la escena desde que a los veinte años debutó con Baal tomando, como volvería a hacerlo con frecuencia, una antigua leyenda para reinventarla.
La búsqueda, la inconformidad, la lectura crítica de la historia caracterizarían su trabajo, aun antes de que sus estudios nada académicos lo definieran como un audaz dialéctico, y ya en vida se le consideró uno de los más geniales autores del teatro moderno. Pero en rigor su huella quedaría también con fuerza en la novela, el relato, el cuento, el ensayo y la crítica y se expresarían en la radio y en el cine.
Frustrado estudiante de Medicina, sanitario en la Primera Guerra Mundial, el lúcido marxista germano pronto se enfrentó a una sociedad estancada y con la llegada al poder del fatídico nacionalsocialismo se vio obligado a marchar al exilio. Para entonces es ya un dramaturgo de éxito con piezas como La Opera de los tres centavos (1928) y El vuelo de Lindberg (1929), su obra prístina en la línea didáctica que se hace más grávida y convincente en El alma buena de Se Chuan (1939) primera en ser presentada en Cuba, en el primer verano de la revolución triunfante, bajo la dirección de Vicente Revuelta.
Se inicia así la presencia numerosa e influyente de Brecht no solo en el teatro sino en amplio espectro de la cultura cubana, porque no solo grupos profesionales lo asumirán en todo el país sino que el entonces naciente movimiento de aficionados difundirá temas como Los fusiles de la madre Carrar, entre otros, propios de la lucha popular que pronto tuvo que librar nuestro país, siempre amenazado por la demencia yanki.
Con la publicación de varios tomos de su teatro, dos de sus novelas, buena parte de su poesía y por último lo que debió ser conocido desde los primeros años, un denso tomo con sus ensayos, críticas, comentarios sobre arte, literatura y política (Arte y Literatura, 1985) sus numerosos partidarios y sus críticos pudieron conocer lo esencial de su pensamiento.
Pero todavía piezas singulares de su teatro y otros escritos se desconocen en nuestro país y algunos ni siquiera han sido vertidos al español.
Su método revolucionario -distanciamiento, o mejor extrañamiento- demanda un público activo, que no se deje hipnotizar por las candilejas, que sea crítico y sepa hallar la verdad oculta en el gesto cotidiano y toda su obra, aun las páginas más refinadas y líricas, no solo abogan por un enriquecimiento del ser humano sino por una transformación de la sociedad imperfecta, estremecida por la lucha de clases. Enemigo de todo dogma, llameante dialéctico, subversivo, debemos recordarlo, vivo en sus actos y en su letra batalladora, como uno de los creadores imprescindibles de nuestra época.