NACIONALES

Plebiscito por la Patria


Marcos Alfonso

Apenas faltan veinte horas para que la historia abra nuevamente su memoria. Los cubanos de todos los tiempos escribirán, desde cualquier rincón de nuestra geografía, otra página de honor y dignidad.
Con modestia y sencillez, ajenos a toda alharaca patriotera, con montañas de convicciones asistiéndonos, asentaremos en los folios sagrados de la Patria las razones por las cuales luchamos y resistimos; los valores que defendemos.
En pleno ejercicio de deberes y derechos, asistiremos con el alba a un acto único, irrepetible: elegiremos a los diputados que nos representarán en la Asamblea Nacional que despide al Siglo XX y recibe al XXI. De igual, a los que ocuparán escaños en las asambleas provinciales.
Llegar al 11 de enero, a esas horas por Cuba, ha sido gracias a la savia mágica de la Revolución. Atrás han quedado años de trabajo, de sacrificios y dificultades, de sueños interrumpidos; momentos felices; batallas vencidas; derroteros emprendidos. Lo vital es haber llegado, ¡y seguir! Milímetro a milímetro afianzar lo hecho. Corregir el trayecto. Ya habrá tiempos para el recuento: páginas y páginas podrían llenarse.
Duros han sido los caminos desandados; también los que se avecinan. Los hombres y mujeres que accederán al máximo órgano del Estado o a los gobiernos en las provincias, los han vivido, y juntos andaremos también en las jornadas por venir, como en marcha apretada.
Un plebiscito por la Revolución, por la democracia, por el socialismo; por la justicia social, por el derecho al trabajo y a la vida; por la dignidad de los hombres, será lo que acontezca en Cuba dentro de unas horas.
¡Ese es nuestro acto supremo cuando depositemos las boletas en las urnas! ¡De honor con nuestros mártires! ¡Consecuente con nuestra historia! ¡Digno de "lo que nuestros padres nos ganaron de pie"!

 


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