RAUL VALDES VIVO
UN DIA como hoy, hace 49 años,
Julio Antonio Mella cayó mortalmente herido en Ciudad
México. Sus apreciaciones sobre el proceso electoral bajo el
capitalismo merecen destacarse en este aniversario por
ocurrir en víspera de las elecciones cualitativamente
diferentes de nuestro socialismo.
En el congreso constituyente del Primer Partido (agosto de
1925) Mella fue inicialmente opuesto a que los comunistas
postularan candidatos, aunque dijo comprender la conmoción
nacional que significaba el proceso electoral y la necesidad
de utilizarlo para inscribir legalmente al Partido y hacer
agitación por sus ideales.
La opinión de Mella, compartida por varios delegados con
posiciones anarcosindicalistas, fue rechazada por quienes
invocaban la necesidad de cumplir con las orientaciones de la
Internacional Comunista, a la cual acababa de adherirse el
Partido como su Sección Cubana. Guiada por Lenin, la
Internacional criticaba como infantilismo izquierdista la
negativa de los comunistas a participar en elecciones
burguesas, actuar dentro de sindicatos reaccionarios y, en
fin, luchar por reformas. Abogaba por ellas si contribuían a
preparar las condiciones de la toma revolucionaria del poder
por la clase obrera y todo el pueblo.
Después de apasionante discusión colectiva, al retirar
Mella sus proposiciones, aquel Congreso aprobó por
unanimidad las presentadas por una Comisión y el Partido
decidió meterse de lleno en el proceso electoral, incluso
con postulaciones.
Sin embargo, apenas concluido el evento, Carlos Baliño, el
gran cofundador con Martí del Partido Revolucionario Cubano
y con Mella del Partido Comunista de Cuba, fue sometido a
brutal interrogatorio policíaco y su corazón cesó de
latir. Otros comunistas, entre ellos Julio Antonio, fueron
falsamente acusados de terroristas por la policía del tirano
Machado y encarcelados. En protesta el joven que también
había creado la FEU llevó a cabo su famosa huelga de
hambre, durante 23 días, lo que concitó tal movilización
popular que forzó su libertad bajo fianza.
Al sentirse en peligro de ser asesinado Mella emigró a
México. Allí pronto pasó a militar en la Sección Mexicana
de la Internacional, el Partido hermano, que actuaba
legalmente. Como él mismo decía, todos los comunistas
pertenecían al Partido mundial de Lenin.
El Partido de Cuba no sólo quedó desde su cuna ilegalizado
sino que sus militantes fueron bestialmente perseguidos.
Noske Yalob y Claudio Bouzón, detenidos en enero de 1928 por
hacer propaganda contra la Conferencia Panamericana,
destinada a aumentar el dominio yanki sobre Nuestra América,
fueron arrojados a los tiburones, deviniendo precursores en
el martirologio antimperialista que encabezaron el propio
Mella, Jesús Menéndez y tantos otros.
En noviembre de ese año, al modificar a su antojo el
Mussolini Tropical la Constitución, para reelegirse por seis
años, en continuidad de los cuatro de la más salvaje
dictadura, Mella formuló similar argumentación a la de
Fidel como sustento de la táctica armada de los moncadistas.
"Reconocemos -diría Mella- que habiendo el
régimen imperante abolido todas las libertades públicas y
persiguiendo sañudamente a todos los elementos de la
oposición, tan sólo queda reconquistar las libertades por
el mismo camino que la obtuvieron los Libertadores y
Emigrados del 95. Quien crea en la oposición legal(?) está
desempeñando el mismo papel que frente a la lucha contra el
Imperio Español representaban los autonomistas."
Esa actitud, a nombre de la Asociación de Nuevos Emigrados
Revolucionarios, significó la sentencia de muerte de Mella,
quien en absoluto era dogmático respecto a las tácticas de
lucha.
Varios meses antes de esa declaración de réplica a las
maniobras machadistas, había dicho:
"En el caso de que se permita la inscripción de
nuestros elementos, es probable que surja en las elecciones
un partido político proletario, aunque circunstancialmente,
haciendo frente único con los nacionalistas, si es que estos
están dispuestos a hacer pactos y concesiones con el fuerte
proletariado cubano."
Mella consideró como un éxito que los comunistas de Estados
Unidos obtuvieran 100 mil votos, porque cada voto indicaba un
revolucionario, en las elecciones de 1928, en las que Hoover,
republicano, testaferro de las altas finanzas, derrotó a
Smith, demócrata. Mella, al conocer las felicitaciones del
último al primero, escribió que entre uno y otro no había
diferencias. "Ambos son hijos de una misma madre
prostituida: la burguesía imperialista yanqui".
Ese mismo año había exaltado la fuerza de la clase obrera
cubana, a cuya vanguardia estaban los comunistas, con
palabras pletóricas de lecciones. Escribió: "...la
huelga de los centrales azucareros no tiene nada que envidiar
a la batalla de Mal Tiempo, ni los jefes obreros del
movimiento revolucionario de hoy a los generales del
Ejército Libertador. Es una nueva época que impone nuevas
tácticas".
Sí, en cada momento, hacer lo que sea necesario por la causa
del pueblo.
Al sentirse empapado en su propia sangre, aquel 10 de enero,
Mella exclamó: ¡Muero por la Revolución!
En verdad Julio Antonio vive en nuestra Revolución por la
independencia, la justicia social y la dignidad humana,
iniciada en 1868, triunfante desde el alba de 1959. Cuanto
él anheló ya es realidad. Realidad amenazada por el mismo
peligrosísimo enemigo que combatieron Martí y Mella y ante
el cual sólo cabe la unidad para resistir. Por esas razones
mañana, a primera hora, de haber vivido milagrosamente hasta
los 95 años, quién puede dudar que Mella exclamaría: voto
por la Revolución.