Como dirían los sabichosos del habla popular: mucha agua ha recorrido los caminos antes de poder presenciar en toda su dimensión el Centro Cultural La Llave, que luego de cinco años de ejecución recién abrió sus puertas para la comunidad.

El recinto que creció ante el asombro de no pocos y las miradas incrédulas de otros tantos, exhibe hoy esplendorosamente su arquitectura en lo que antes fuera una fábrica de pistones. El complejo, ubicado en la manzana que comprende las calles Domínguez, Vista Hermosa, San Pablo y Santa Catalina, fue creado por la Empresa de Grabaciones y Ediciones, Egrem, con el auspicio del Ministerio de Cultura, aval que, sin dudas, vaticina parabienes que se revertirán en la localidad.
Más allá de los productos que se comercializan bajo la rúbrica de Artex, Génesis, Egrem y el Fondo Cubano de Bienes Culturales, FCBC, el centro responde a necesidades que demanda el territorio, ávido de espacios de este tipo. El inmueble es un congregado que reúne además del espacio para el álbum café, un sitio para la impresión de documentos, la sala de navegación, la casa de la música y zonas destinadas a la gastronomía, áreas para el desarrollo de la lectura, para los talleres de danza, de artes plásticas, artes visuales y las artes escénicas, con las condiciones adecuadas según sea la especialidad, sitios estratégicamente concebidos, con el respaldo de acciones elaboradas, cuidadosamente segmentadas sin obviar ningún grupo etario.
El municipio Cerro remonta su fecha fundacional al 1803. Es heredero de tradiciones, de un rico acervo cultural y fue el primer asentamiento extramural habitado por familias de linajes y solvencia económica que pronto convirtieron la barriada en una urbe popular entre los acaudalados de la época.
La creación de esta sede es un regalo para la comunidad, justo al alcance de todos, como quien dice, al doblar de la esquina, que llega oportunamente en el aniversario 500 de la ciudad.
Como vecina de esta comunidad, el ánimo me conduce a pensar que fórmulas como estas, que están lejos de toda tentativa banal, resultan la propuesta triunfante ante ráfagas de mal gusto, que dan tumbos por posicionarse en los umbrales de nuestra identidad cultural.









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