La computación en malla (mesh computing, en inglés) es un modelo de arquitectura de sistemas distribuidos en el que los dispositivos de red (computadoras, dispositivos móviles, sensores y otros dispositivos conectados a internet) que se encuentran en diferentes ubicaciones geográficas, trabajan para lograr un objetivo común. Los recursos no utilizados de varios equipos se agrupan y se ponen a disposición de una única tarea. Las organizaciones utilizan la computación en malla para ejecutar tareas grandes o resolver problemas complejos.
En la computación en malla, cada dispositivo actúa como un nodo de la red, y puede comunicarse directamente con otros nodos de esta, lo que permite la creación de redes ad hoc o redes sin infraestructura centralizada. Los nodos de la red pueden colaborar para realizar tareas complejas de procesamiento y almacenamiento de datos, lo que permite un mayor aprovechamiento de los recursos disponibles.
La computación en malla es importante en la inteligencia artificial y en el aprendizaje automático, ya que permite la creación de redes de dispositivos conectados que pueden trabajar juntos para procesar grandes volúmenes de datos y ejecutar algoritmos de aprendizaje automático en tiempo real. Además, la computación en malla es especialmente útil en aplicaciones de inteligencia artificial que requieren una latencia baja, como la detección de objetos en tiempo real y el reconocimiento de voz y lenguaje natural.
Por ejemplo, los meteorólogos utilizan la computación en malla para la generación de modelos climáticos; que es un problema de computación intensiva que requiere tareas de administración y análisis de datos complejas. El procesamiento de grandes cantidades de datos climáticos en una única computadora es lento y requiere mucho tiempo.









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