Todavía recordamos cómo algunos corrieron a negar la posibilidad de un mundo multipolar bajo los efectos de la euforia teórica ocasionada por los cambios ocurridos a inicios de los años 90.
Sin embargo, las ideas del «fin de la historia» y otras ocurrencias similares pasaron a ser páginas… de la propia historia. El mundo continuó transformándose y actualmente es innegable la existencia de varios centros de poder. Aquel espejismo unipolar se reveló como lo que era: pura fantasía.
Incluso hoy, pese al resurgimiento de las políticas que intentan imponer –otra vez– la ley del más fuerte, continúan promoviéndose alternativas para construir un orden mundial diferente, más equitativo… mejor.
«¿Qué tipo de multipolaridad necesita el mundo? ¿Cómo los países van a tomar parte en ella y promoverla?»
La pregunta formulada el pasado 1ro de septiembre por el Secretario General del Partido Comunista de China y presidente de la República Popular, Xi Jinping, durante la Reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái Plus (OCS), realizada en Bishkek, capital de Kirguistán, abre un debate necesario: ¿qué multipolaridad tenemos que construir para el mundo de hoy?
Porque la existencia de varios «polos» per se no garantiza el equilibrio internacional. Ante las necesidades del mundo –y también sus potencialidades actuales– es imprescindible un modelo que, además de poner a un lado los hegemonismos y las relaciones internacionales basadas en la confrontación, dé cabida a la participación real de todas las naciones.
En busca de respuestas para esa nueva arquitectura global, el presidente Xi llamó a construir una multipolaridad «igualitaria y ordenada», a partir de cuatro puntos fundamentales: la igualdad soberana y el respeto mutuo; el equilibrio, el orden y el imperio de la ley como requisitos indispensables; el multilateralismo, el diálogo y las consultas como vías esenciales, así como los beneficios mutuos, las ganancias compartidas y la inclusión como camino para el desarrollo.
Que la soberanía sea uno de los puntos de partida no es casual, ya que es el concepto que coloca en igualdad de condiciones a los países, más allá de extensiones, riquezas o poblaciones.
PIEDRA ANGULAR: LA DEFENSA DE LA SOBERANÍA
La construcción de una multipolaridad diferente está estrechamente relacionada con la reforma de la gobernanza global.
En ese ámbito, la defensa de la soberanía ha sido una premisa de Cuba en su propuesta de la democratización del contexto internacional. Razones tiene la Isla para hacerlo: ha resistido los embates imperiales estadounidenses durante más de seis décadas, con un último período de recrudecimiento sin precedentes.
Esa política agresiva ha estado vinculada, precisamente, a la decisión de una nación de ejercer su legítimo derecho a escoger un camino propio y no aceptar las reglas impuestas desde un «polo».
Por eso es necesario un nuevo sistema internacional en el que ningún país, por poderoso que sea, determine que el camino para eliminar las diferencias es la fuerza.
El pasado 15 de mayo, en la sesión abierta: «Reformas de la Gobernanza global y el Sistema multilateral», realizada como parte de la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de los BRICS, Bruno Rodríguez Parrilla, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y titular del ramo, afirmó que la reforma de la gobernanza global y del sistema multilateral es «una necesidad política urgente e indispensable».
El Canciller cubano elogió el uso de monedas nacionales, el Nuevo Banco de Desarrollo y las iniciativas de integración soberana impulsados por los BRICS, que calificó como «pasos concretos en la dirección correcta». Se trata de ejemplos de cómo aprovechar el potencial de la cooperación económica y comercial en el Sur Global.
En multiplicar las voces y las soluciones está, justamente, la respuesta que demanda nuestro tiempo a la pregunta de quién decide sobre las relaciones entre todos.
Algunos, sin embargo, pretenden desconocerlo.
LA COOPERACIÓN COMO EXPRESIÓN DE LA MULTIPOLARIDAD
Apenas un día después del discurso pronunciado por Xi en Bishkek, la Embajada de China en La Habana respondió a declaraciones de políticos estadounidenses contra la cooperación entre China y Cuba. El comunicado defendió las relaciones de China con Cuba y América Latina y rechazó los intentos de interferir en las decisiones de los países latinoamericanos sobre sus relaciones con otros Estados.
Es derecho de Cuba y de los países latinoamericanos decidir con quién cooperan. También es derecho de China establecer relaciones con los países de América Latina que deseen hacerlo. ¿Por qué insistir en obstaculizarlo?
Es un ejemplo de cómo el debate sobre cooperación, multilateralismo y relaciones basadas en la soberanía vuelve a un punto de partida: la gobernanza global no es asunto de un país, ni de unos pocos.
Es imprescindible impulsar una verdadera transformación que permita construir el equilibrio en el que más naciones tengan voz, capacidad de elección y posibilidades reales de participar en las decisiones que afectan al conjunto.
La visión de un mundo multipolar debería ir más allá de simplemente tener más polos de poder. Puede comenzar por ser, de una vez por todas, un mundo con más voces.








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