Quizá la medalla más difícil en la vida del luchador Luis Alberto Orta no fue el título olímpico en Tokio-2020, cuando le remontó al ruso Sergey Emelin para imponerse 4-3 en cuartos de final y luego, en la disputa del título, contuvo un peligroso ataque del local japonés Kenichiro Fumita hasta establecer el 5-1 definitivo.
Tal vez ese momento de mayor dificultad tampoco radique en su corona mundial de Belgrado-2023, conquistada al derrotar 4-3 al azerí Hasrat Jafarov en la final.
El bronce en los 67 kilogramos del estilo grecorromano en la cita del orbe realizada recientemente en Astaná, Kazajistán, posee una connotación inmensa, si consideramos los obstáculos para acceder a ese podio.
A principios de año él mismo había declarado cuán escasas avisoraba las posibilidades de obtener este tipo de desempeños debido a las insuficiencias en la preparación.
Más tarde, una afectación de salud le impidió participar en los Juegos Centroamericanos de Santo Domingo, donde Yonat Véliz ocupó el mismo sitio que esperaba al habanero: la cúspide del estrado de premiaciones.
Sin embargo, con su inmensa calidad y coraje, basado en «la estrategia de dar el máximo en todos los combates, hasta donde se pudiera», Orta sumó otra presea a su carrera, cuyo valor no se puede medir solo por el peso y el color.
«Todas son únicas y tienen un significado diferente», confesó a Granma. El sentido de esta, seguramente coincidirá, consiste en llevar la resistencia más allá de los límites conocidos, ante las dificultades acrecentadas por el bloqueo de Estados Unidos.
«Sin un buen entrenamiento y la participación en algunas competencias de nivel cada año se nos hará más difícil alcanzar algún resultado», alertó.
Acerca de las interioridades del evento, luego de doblegar por superioridad de 9-0 al argelino Fayssal Benfredj, necesitó remontarle al georgiano Diego Chkhikvadze, en duelo definido 12-8. «Fue una pelea súper complicada, tuve que salir de abajo. Él es muy bueno, pero la confianza no se me acaba hasta que el árbitro pite».
Posteriormente cedió 4-6 ante el campeón del orbe de 2025 Aytjan Khalmakhanov, de Uzbekistán. Al respecto, compartió: «Me había ganado en la Liga Profesional, pero ahora yo estaba en mejor forma.
«Se definió en una acción que el juez no decretó bien porque logré pegarlo unos momentos, pero eso no justifica la derrota. Me dolió mucho, tenía posibilidades de avanzar a la final».
Después de vencer 7-4 en el repechaje al estadounidense Otto Black, conquistó el metal con marcador de 10-6 ante el armenio Slavik Galstyan. «Cometí algunos errores por la misma preparación insuficiente, pero pude sacar la victoria».
De esa manera el gladiador completó una odisea y, si bien no regresó a su Isla con el mayor tesoro del botín, demostró que los genes guerreros y campeones del deporte cubano, ni en las peores circunstancias, dan un paso al lado en el colchón.







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