ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Dalidaivis Rodríguez fue bicampeona paralímpica, bajo las órdenes de Ivis Dueñas, en Londres-2012 y Río-2016. Foto: Getty Images

Mientras practicaba atletismo y esgrima en la primaria Sierra Maestra, del Entronque de Herradura, en Consolación del Sur, Pinar del Río, Ivis Dueñas Alonso escuchó la recomendación de Tomás Sánchez –a quien le debe todo cuanto sabe– para incursionar en el judo y aprovechar sus condiciones físicas.

La condujo por ese camino en la Escuela de Iniciación Deportiva Ormani Arenado Llonch. «Desde niña quería estar fuera de mi casa, y el arte marcial me encajó porque me gustaba pelear, aunque aprendí que va más allá: la disciplina, el honor de representar a mi provincia y mi país».

Tras varios éxitos en los Juegos Escolares, solicitaron talentos con perspectivas para la selección cubana y, junto a Tomás, superó la renuencia de los padres para arribar a la Escuela Nacional de Formación de Atletas de Alto Rendimiento Cerro Pelado, en La Habana, con 15 años, en 1993.

«En mi división aparecían Estela Rodríguez y Daima Beltrán. Me acogieron con amabilidad, pero en los combates jamás respeté a alguien, encima del colchón todas éramos iguales, ellas con sus títulos y yo por buscar los míos.

«Vencíamos y perdíamos entre nosotras, en los torneos de la gira viajábamos las tres y obtuve plata en el Grand Prix de Roma-1997, pero debí esperar la posibilidad de asistir a citas múltiples, pues compartía con dos mujeres para quitarse el sombrero. Mis familiares y amistades me alentaban y aseguraban: “Llegará el momento y lo harás bien”».

Esa oportunidad ocurrió en los Juegos Centroamericanos de 2006, en Cartagena, Colombia, donde dominó de manera individual los más de 78 kilogramos y en el por equipos.

«Ronaldo Veitía nos dijo: “Aquí empecé ganando y aquí quiero terminar ganado. ¿Ustedes pretenden ser primeras figuras? Ahí tienen, demuéstrenlo”».

Sumó el segundo puesto en la lid del orbe colectiva celebrada en París y una presea de bronce en los Panamericanos Río de Janeiro-2007. «Entonces ya me sentía cansada, coincidió con mi licenciatura en Cultura Física y deseaba crear una familia.

«Idalys Ortiz irrumpió, caracterizada por su fuerza natural e inteligencia. Establecimos buenas relaciones, dividíamos y le cedí el espacio antes de los Juegos Olímpicos de Beijing, donde alcanzó el primero de sus cuatro podios a ese nivel. Una retirada no es cobardía».

Cuando ya valoraba su despedida, le pidieron ayudar a la nueva generación y el formador Santiago Chinea le expresó: «Usted se va a quedar debajo de esta mata de mango». A su lado trabajó en los Juegos del alba y en un evento en Rusia de 2007, mientras aún competía.

«El ejemplo de mis profesores influyó para prolongar su legado. Le agradezco a Veitía, a Chinea, a Javier Guzmán, a Armando Padrón, a quienes aún me acompañan. Siempre fui fresca, quería aprender más y me llamaban para enseñarme».

Ivis ayudó a continuar la carrera de Sheyla Hernández y la condujo a la final de París-2024. Foto: Calixto N. Llanes

Del principal artífice de los triunfos femeninos interiorizó la exigencia y la disciplina. «Él se comprometía: “Voy a dar cinco pesos por cada minuto tarde”. A la hora del descanso, 12:30 p.m., se sentaba delante del tatami, y si pasabas por la puerta a las 12:31, te decía: “Siga la flecha” (a la pista).

«Actualmente nos preparamos rumbo al Mundial de Parajudo en Tiflis, Georgia, del 25 al 27 de septiembre. Realizamos doble sesión y a las tres reiniciamos, aunque a veces dejo dormir a mis alumnas un poco más. Así evitamos el riesgo de atrasarnos».

En 2012 asumió al frente de las deportistas con discapacidad visual y estas constituyen sus claves: «Jamás les paso la mano. En el caso de las ciegas totales, debes explicarles, demostrarles con otros atletas. Ellas tocan porque sus ojos son sus manos, ven más que el resto.

«Tampoco les puedes cambiar los movimientos, pues lo graban todo en su mente. Prefiero perfeccionarles sus técnicas adquiridas previamente antes que ampliar su repertorio».

Llevó a la cúspide a la legendaria Dalidaivis Rodríguez, de los 63 kilogramos. «El entrenamiento con ella salía natural. Participó como convencional y conseguimos una buena compenetración, al punto de llamarme su segunda madre.

«Al ganar en Londres-2012, me contó: “¡Qué forma de llorar, pero soy campeona paralímpica!”. Eso nos enseñó el profe: “Si no lloras en la preparación, no conocerás el gozo de una medalla”. Yo también tenía una hija de siete meses y la dejé con mi familia.

«En Río-2016 nadie pensó que ella repetiría, por la edad, pero cuando una está determinada puede conquistarlo todo. Lo disfruté muchísimo, demostramos que no fue una casualidad».

Luego recibió a Sheyla Hernández, proveniente de los 78 kilos entre convencionales. «Me advirtieron que no veía bien; cuando le dieron la baja nos acercamos al médico para especificar la enfermedad y le aconsejé: “Te tienes que quedar en La Habana a esperar”.

«Me reuní con los compañeros de cátedra, les expliqué la situación y la necesidad de ayudarla con la residencia, la alimentación y el acceso al colchón durante el tiempo que estuvo aquí sin afiliación. Tomamos esa decisión hasta que surgió una plaza en mi conjunto».

Desde que la holguinera debutó en el escenario internacional su profesora le notaba grandes posibilidades, pues «entrenador que piensa de otra manera no se respeta. Les digo que, sin importar el color, vuelvan con una de las cuatro preseas.

«Nos alistamos muy duro hacia París-2024, seguras de que el oro venía a Cuba; debemos quitarnos la espina de caer en la final. La brasileña Rebeca Silva es muy corpulenta, el camión de Carlitos, se planta y nadie la mueve.

«Por tanto, proyectamos aumentar la fuerza de Sheyla en +70 kg. Enfrenta a varones como su esposo Yordanis Fernández y a Andy Granda, usamos el gimnasio de los hombres. Tenemos el 90 % de opciones de volver a derrotar a la sudamericana». Además, cuenta con Ariagna Hechavarría, exponente de la división de 70.

Por estos éxitos, la Comisión de Reconocimientos de la Confederación Panamericana le otorgó, a inicios de año, el premio como la mejor formadora del continente en su modalidad.

«Resultó una noticia sorprendente: veía las redes, sin saber qué comentaban, hasta que me anunciaron esa nominación. Me preguntaba cómo, si solo con Brasil basta, pero me emocionó muchísimo y las discípulas se comprometieron a obtener más lauros para que yo me mantenga entre las mejores».

Aparte de ella, Julio Alderete –jefe del colectivo masculino convencional– y Luis Torres Cobas –multicampeón máster– honraron el judo de la Mayor de las Antillas en la entrega de agasajos.

«Nuestros logros allí fueron muy grandes porque, pese a las limitaciones, siempre sonamos, da igual en qué especialidad y sexo. Nos esforzamos para estar en lo más alto, como toda la vida».

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