«El 15 de noviembre celebraremos una nueva edición de la copa de la Escuela Shiro Saigo, coincidente con el cumpleaños de mi hijo. Este centro devino mi segundo hijo».
Más de 17 años atrás Gilberto Solar Vaillant fundó el Proyecto de Desarrollo Local, inspirado en un practicante legendario durante los inicios del judo, a quien le atribuyen la famosa técnica –hoy en desuso– tormenta de la montaña o yama arashi.
Este deporte «Forja el carácter, crea disciplina, desarrolla una serie de procesos evolutivos a favor de los principiantes», asevera quien en su etapa de atleta formó parte del equipo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y topó ante estelares de la talla de Isaac Azcuy y Venancio Gómez. Ya suma 46 años en la faceta de entrenador, número que muestra su edad, si lo leemos al revés.
Ese interés por guiar a otros surgió en casa: «Preparé, en sus comienzos, a mi descendiente Gilbertico, quien conquistaría títulos centroamericanos y panamericanos».
Entre otros méritos como educador, el miembro de la Sociedad Cubana de Artes Marciales Afines vio crecer, desde que ella apenas exhibía un lustro de vida, a Dali Sentmanat, reina regional de los 52 kilogramos en Santo Domingo. Ha acogido a competidores noveles como Raidel San Pedro Blanco y Javielito, monarca nacional y continental pioneril.
«Realizamos actividades sociales en todos los consejos populares de La Lisa, incluso fuera de ella. En los dos meses de vacaciones llevamos el proyecto Enseñando Judo al parque frente al Hospital Frank País y captamos un grupo de niños».
Asimismo, el maestro imparte justicia, pues ostenta la categoría de árbitro nacional A. Decidió asumir esa función también motivado por su vástago: «A veces estaba en desacuerdo con las decisiones en su contra, me parecía que le quitaban muchos combates y quise entrar en la mecánica del arbitraje para
valorar con más argumentos. Me he dado cuenta de que la razón no le pertenece a una sola persona.
«Cuando actúo como oficial soy más riguroso con mis atletas que con el resto. Podemos cometer equivocaciones, pero no injusticias», confiesa sin vacilaciones.
La Shiro Saigo en los últimos meses recibió una gran inyección de conocimientos y rectitud moral gracias a la incorporación de Tomás Maza Aranguren.
Posee experiencia en la base de diferentes municipios, transitó por las Escuelas de Iniciación Deportiva y de Perfeccionamiento Atlético a nivel provincial, además de brindar clases, desde 2013, en la Universidad de Ciencias de la Cultura Física y el Deporte Manuel Fajardo.
El también juez de categoría A asegura, sobre el proyecto: «No solo se dedica a formar campeones; su objetivo principal consiste en trabajar con la semilla, sembrar valores. La Unesco declaró el judo como el deporte ideal para la educación de la niñez y la adolescencia».
Así lo confirma Rainel Mazola Pérez, padre de Diego Mazola Valdés, integrante del grupo etario 9-10. «Le gusta mucho y le ha cambiado la vida porque antes estaba siempre frente al celular y el atari. Ahora comparte su tiempo con actividades físicas y sostiene relaciones de amistad.
«Los profesores son magníficos, enseñan la disciplina, los principios. Ofrecen las clases de lunes a viernes desde las cinco de la tarde. Los niños topan los fines de semana con otros equipos y nunca se aburren porque todos los días llevan a cabo actividades diferentes».
La Lisa acoge más escuelas orientadas a los mismos propósitos, como la Jigoro Kano, de tres años, cuyo entrenador principal William del Río Rosabal confirma las excelentes relaciones de cooperación, pues incluso organizan copas y eliminatorias de base.
Michel Núñez Semanat, padre de un atleta de cuatro años con excelente constitución física, considera: «Mientras existan deseos de la comunidad, los maestros, los alumnos y los funcionarios, estos proyectos pueden continuar. Lo más importante reside en el empeño de llevar adelante la educación de estos niños».







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