ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Los Festivales son una instancia competitiva que llegó para quedarse y debe consolidarse, afirma Agustín Abril. Foto: Roberto Morejón

El año 2026 planteó un escenario de extrema complejidad para el movimiento deportivo cubano. Las severas limitaciones de recursos, agudizadas por el recrudecimiento del bloqueo financiero y energético, obligaron al Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder) a tomar una decisión dolorosa pero necesaria: congelar casi la totalidad de su calendario competitivo.

Salvo contadas excepciones, como tres lides de bádminton en la Ciudad Deportiva, el torneo internacional Capablanca de ajedrez y la IV Liga Élite, la actividad de alto rendimiento parecía abocada a un compás de espera.

En el centro de esa encrucijada se encontraba la edición 62 de los Juegos Escolares Nacionales (JEN), la indiscutible joya de la corona en la pirámide de desarrollo atlético en el país.

Suspenderlos no era una opción aceptable para la dirección del deporte. La respuesta estratégica fue una obra de resistencia y se apostó por descentralizar el certamen, prescindir de los costosos traslados nacionales y mudar la competencia al escenario más sagrado del país: los barrios.

Para conocer los saldos de esta gigantesca movilización, conversamos con Agustín Miguel Abril, director nacional de Organización y Programación del Inder, quien valora los festivales municipales como un hito metodológico y social.

–¿Cómo se gestó esta audaz alternativa?

–Desde los inicios de 2026 constatamos un incremento severo de las limitaciones materiales provocadas por el cerco económico, una realidad de la que el deporte, lógicamente, no está exento. Ante esa situación, nos vimos forzados a suspender el calendario nacional, con excepciones muy puntuales.

«Sin embargo, los Juegos Escolares representan el alma de nuestro sistema deportivo. Cancelar su edición 62 habría sido un golpe demoledor para la reserva de alto rendimiento. En medio de esa disyuntiva, analizamos que lo más sensato, revolucionario y económicamente viable era descentralizarlos y volcarlos de forma masiva en cada municipio.

«Esa es la estructura matriz de la nación. Esta variante no solo garantizó un ahorro drástico de recursos materiales y financieros, sino que despertó una motivación insospechada en los territorios. Las competencias arrancaron con orgullo el 28 de junio y culminaron el miércoles 15 con un éxito rotundo».

–¿Cuáles fueron las metas metodológicas trazadas al diseñar este formato?

–Nos planteamos tres objetivos esenciales. En primer lugar, asegurar la participación masiva, lúdica y recreativa del sector escolar. Segundo, evaluar pedagógicamente a los atletas que se forman en las áreas de base. Y, finalmente, mantener una visión metodológica estricta sobre la preparación de los alumnos de las Escuelas de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE), quienes están desconcentrados en sus respectivos territorios desde hace algunos meses.

–Las cifras de participación que maneja el Inder tras la clausura del evento son monumentales. ¿Cómo se tradujo este diseño en números reales sobre el terreno de competencia?

–Los números demuestran la magnitud de lo que hemos logrado y la capacidad de respuesta de nuestro pueblo. Activamos de manera simultánea los 168 municipios. Se involucraron 509 combinados deportivos y se habilitaron 5 076 instalaciones de todo tipo.

«A nivel de recursos humanos, el despliegue fue extraordinario: tuvimos en acción a 563 537 atletas en edad escolar, respaldados por la conducción técnica de 15 367 entrenadores y el arbitraje de 18 151 jueces. Hablamos de cifras sin precedentes.

«Además, cumplimentamos el 98 por ciento del programa planificado; solo algunas suspensiones menores por lluvias en la región oriental alteraron el cronograma. La flexibilidad otorgada a cada lugar para diseñar su calendario según sus potencialidades reales fue clave para este balance tan positivo».

–¿Cuáles son las enseñanzas de estos festivales comunitarios? ¿A qué elementos metodológicos ya no podemos renunciar?

–La principal enseñanza es que los festivales deportivos escolares llegaron para quedarse; es una estructura a la que ya no podemos renunciar porque constituye la base de todo. Al competir en sus comunidades, los más de 11 000 alumnos de las EIDE que estaban desconcentrados elevaron el nivel cualitativo de las competencias en sus barrios de origen, permitiendo que sus escuelas matrices, sus familias y sus vecinos se identificaran directamente con ellos.

«Asimismo, los atletas con discapacidad gozaron de un espacio mucho más inclusivo y cercano, lo cual consolida los notables éxitos de este sector. Las comisiones nacionales mostraron una flexibilidad encomiable para apoyar técnicamente a las provincias, pero, si hay un factor verdaderamente vital que debemos rescatar, es el protagonismo de la familia».

–La participación de los padres y tutores fue, sin duda, el gran motor impulsor de estas jornadas...

–Absolutamente. La familia cooperó de forma incondicional desde las etapas previas: colaboraron con sus propias manos en la reparación y embellecimiento de los terrenos, aportaron recursos propios para asegurar la alimentación y garantizaron la logística mínima indispensable para que cada niño brillara.

«Esa alianza indestructible entre la familia, las direcciones de deportes y los gobiernos municipales le otorgó una lucidez única al evento».

–Desde el punto de vista del alto rendimiento, ¿cree que este modelo municipal garantiza el relevo atlético de la Isla, o el formato nacional de los JEN sigue siendo imprescindible?

–No poder realizar la etapa nacional de los Juegos Escolares, donde las reservas de élite se enfrentan con el máximo rigor, genera un costo metodológico que no podemos obviar. Sin embargo, este festival comunal amortiguó notablemente ese impacto.

«Al ampliarse exponencialmente el universo de participantes, los especialistas provinciales y municipales de alto rendimiento pudieron realizar un monitoreo exhaustivo, detectando talentos ocultos que ahora formarán parte de la matrícula de captación de las EIDE para el venidero curso escolar.

«Incluso, se registraron marcas individuales de gran relevancia para estas categorías, registros que, lógicamente, validaremos más adelante en escenarios de mayor exigencia técnica, pero evidencian la salud de nuestra cantera. El festival municipal debe consolidarse como el paso previo obligatorio a los Juegos Escolares Nacionales cuando las condiciones nos permitan realizarlos».

–Con estas premisas, ¿estamos entonces ante la edición más grande de los Juegos Escolares en la historia de Cuba?

–Indiscutiblemente, por volumen de participación y alcance social, esta edición 62 es la mayor de nuestra historia. No renunciamos a nada de lo que distingue a nuestros tradicionales Juegos. Llevamos a cabo el Foro de Ciencia y Técnica en cada territorio, con un acumulado de 1 435 actividades científicas.  

«Logramos que nuestras glorias deportivas locales –muchas de ellas invisibilizadas en eventos de carácter nacional– recibieran el merecido reconocimiento de sus vecinos en sus consejos populares.

«El Instituto de Medicina del Deporte, gracias al respaldo inestimable del Ministerio de Salud Pública, garantizó cobertura médica en cada área. Nuestros árbitros de base tuvieron un espacio único de superación, al recibir clínicas e impartir justicia junto a jueces nacionales e internacionales. Los círculos de interés también tuvieron su vitrina de exposición de conocimientos.

«Este evento marcará un antes y un después. Ha sido la respuesta más contundente para reencontrar el camino de la masividad que, ciertamente, mostraba señales de deterioro.

«Se logró integrar la escuela, la comunidad, a las niñas, a los jóvenes y a la familia en un engranaje de resistencia. Ya se planifica la segunda experiencia para el próximo año; evaluaremos las fechas según el calendario escolar, pero el festival de base estará garantizado».

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