ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Milton Díaz Canter (izquierda) siguió de forma constante el fútbol en Cuba durante varios años. Foto: Cortesía del entrevistado

Milton Díaz Canter posee la gracia de los juglares, sus anécdotas parecen abolir el tiempo y generan deseos de escucharlas días enteros. Los deportes y la batalla por la utopía esquiva del mundo mejor ocupan gran espacio en sus recuerdos, esperanzas y sueños, por eso le resulta imposible separarlos en su relato: equivaldría a desgarrar su vida.

Durante su época infantil y juvenil practicó fútbol en el Reparto Lenin de Camagüey, así como probó sus habilidades en el beisbol mientras cumplía servicio en el Ejército. En la Universidad de Oriente, Humanidades carecía de equipos en esas disciplinas, por lo cual pidió reforzar a otras facultades, a cambio de apoyar al baloncesto en la suya.

«Me desempeñé con Ciencias en la pelota y con Agropecuaria en el balompié, allí marqué dos goles en el debut. Integré ambas preselecciones a los Juegos Nacionales Universitarios, pero me quedé en el conjunto de nuestro patrimonio nacional debido a problemas circulatorios que, incluso, requirieron una operación de Edgar George Laffita, hermano de Eugenio, la leyenda del voleibol.

«Entré por tercera base y era un desastre, luego me sustituyó Modesto Agüero y me ubicaron en el jardín derecho. Lo creía la posición más fácil, pero resultó todo lo contrario porque lo que pica allá atrás se convierte en extrabase y las conexiones salen con efecto.

«Mi director Jorge Cuesta me confesó que me mantenía en su nómina gracias a mi bateo y me dijo en una ocasión: “No vayas a correr para tercera”».

Aunque disputó lides municipales y provinciales, y le preguntaron si continuaría su carrera entre bolas y strikes, optó por su profesión, el periodismo, tras graduarse a mediados de la década de 1970. En Camagüey, por la Agencia de Información Nacional, atendió la primera industria, cuando existían 24 centrales en el territorio, la mayoría con molidas por encima de 100 000 arrobas de caña.

«Entonces salió a la luz pública la solidaridad de Cuba con la independencia de Angola, ya lo seguía desde mi época de estudiante. Cuando vine a La Habana a cubrir un partido de fútbol entre nuestro país y Surinam en el Estadio Latinoamericano encontré a un compañero del Servicio Militar y me invitó a casa de un tío porque viajaría afuera.

«En aquellos momentos la migración constituía más que un tabú, pero entonces me corrigió: su tío iba a la guerra. En el avión de vuelta a mi provincia decidí que en la próxima reunión con los colegas del sector azucarero comentaría mi idea de pelear en esa nación africana».

Asistió a su misión inicial en calidad de combatiente y a la otra, una década más tarde, como oficial teniente y fílmico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

En la segunda ocasión lo enviarían a Etiopía y se negó pues llevaba en la mente el proyecto del que emergería La Epopeya de Angola. «Entonces me contaron que poseían un equipo de cuatro camarógrafos y les faltaba uno, les aseguré que sería el quinto.

«Hablé con los compañeros y todos me aceptaron. Mi curso me lo impartió Jorge Escobar (Charles), maestro de cientos de profesionales, a diez kilómetros de altura y a mil por hora de velocidad, en el vuelo de La Habana a Islas de Sal.

«El difunto general de Brigada de la reserva René Núñez Alvarado me preguntó si me sentía en condiciones de subirme a un avión de instrucción para realizar una grabación. Me advirtieron que nunca tocara la catapulta, bien roja e indicada entre las dos piernas, porque nos iba a largar al piloto y a mí», evoca entre risas.

«Pasamos sobre un lugar recién tomado, me iba pegando y aquello tomaba gravedad, hasta que la cabeza y la cámara se fueron para atrás. Todas las filmaciones están incorporadas en los seriales acerca de la independencia de ese país».

LA GRANDEZA DE LAS PALABRAS, MÁS ALLÁ DE LA VOZ

Durante 45 años apenas podía expresarse, lo llamaban «el ronco» debido al polvo en sus cuerdas vocales, hasta que se lo detectaron y lo limpiaron en 1996. «Fui el primer sorprendido, a esa hora debí aprender a hablar».

Antes de ese descubrimiento buscó su acomodo en la televisión. «¿Qué podía hacer sin comunicarme con la palabra? Me dediqué a escribir y a producir la imagen, en lo cual me ayudó mucho mi segunda etapa internacionalista».

Esas limitaciones nunca lo frenaron y abordó varios eventos deportivos. Mientras cursaba la carrera publicó acerca de la Vuelta a Cuba ciclística de 1971. Allí entrevisté a Carlos Cardet, le pregunté quién ganaría la montaña y el llano, y me respondió: «Yo, que soy una locomotora y un Alfa Romeo», respectivamente.  

«Cubrí finales de campeonatos nacionales de fútbol en el Estadio Antonio Maceo y de boxeo… yo jugaba pelota con Teófilo Stevenson sin saber que era pugilista. Él vivía en la casa de los atletas, frente a la Escuela de Medicina, y siempre lanzaba.

«Cuando el Playa Girón de 1971 un camagüeyano, de apellido Rojas, me dijo que no iba a pelear con un tal Stevenson. Cuando lo vi averigüé si era jimagua del beisbolista y me precisaron que se trataba del mismo. Resultamos excelentes amigos hasta el fin de sus días». 

El periodista aparece entre los fundadores del Noticiero Nacional Deportivo, creado el 21 de septiembre de 1981, que «llegó a llenar la necesidad de un espacio de televisión dedicado exclusivamente a ese tema, parte de la idiosincrasia del cubano».

Asimismo, se considera un privilegiado por la posibilidad de acompañar, desde la última década del siglo pasado, a varias selecciones nacionales del más universal.

«Siempre creí en nuestro fútbol, pero nunca lo potenciamos como pudimos ni lo encauzamos por los canales correspondientes. Constituía el deporte por excelencia para introducirnos en contratos gracias a los mecanismos de defensa establecidos por la Federación Internacional».

Junto a Diego Méndez, Iván Becerra y Sergio Gómez vivió en Italia el Mundial de 1990. «Fuimos testigos de lo ocurrido, al menos en Roma, desde la apertura hasta la clausura con el dramático Alemania-Argentina, cuando el árbitro mexicano Edgardo Codesal cantó un penal que no tenía nombre.

«Ahí conocí a Nelson Mandela, a la actriz Monica Vitti, a un boxeador famoso. Sosteníamos un encuentro semanal con el periodista Gianni Miná –amigo de Cuba y uno de los primeros en publicar sus conversaciones con Fidel Castro Ruz–, quien nos brindaba una valoración del evento».

 

A TODO MOTOR

El merecedor de la réplica del machete del Generalísimo Máximo Gómez defiende la motovelocidad en la Mayor de las Antillas. «Contó con público siempre. Antes de 1959 los estadounidenses enseñaban el auto del año y contribuían a esa afición.

«Además, el secuestro del legendario piloto de Fórmula 1 Juan Manuel Fangio, ejecutado por un comando del Movimiento 26 de Julio en la capital, ayudó a amplificar la Revolución en el ámbito internacional y desenmascaró los verdaderos intereses de Fulgencio Batista en el tema de las inversiones.

«Sin embargo, en 1961 sucedió un accidente fatal de autos en Prado, La Habana, y las autoridades decidieron eliminar esas carreras ante la falta de condiciones. Quedaron como tabú, aunque existen vehículos diseñados para correr, pero falta definir dónde y con qué garantías; en definitiva, constituyen actividades propias del ser humano».

Entre 2015 y 2020 Milton visitó un lugar de la Florida, Estados Unidos, y vio a muchos competidores que tragaban humo, tanto allá como aquí, «pero tenían sus motos, estaban vestidos como si fueran al campeonato mundial y hacían lo que querían. Ni siquiera emigraron por problemas económicos, sino del placer».

Esa modalidad sobre dos ruedas fue impulsada por la Revolución. «Acontecieron eventos muy famosos en la Plaza de la Revolución en los años 70 y 80. La Isla participaba en los campeonatos de los países socialistas y sus cinco pilotos ocupaban los puestos de cabecera, ante los propios alemanes, fabricantes de las motocicletas re y mz.

«Logramos un desarrollo ingeniero muy superior, sin tocar la maquinaria. El ingeniero Raúl Gordillo, ya fallecido, adaptó el chasis a los rasgos de cada piloto, desde el espigado Pepe Peón hasta los pequeños Nirio Rivero y José Lazo».

Acerca de una de sus mayores realizaciones y retos personales, A Todo Motor (atm), el presentador rememora sus inicios: «Vio la luz como apéndice de la revista tr Deportes el 17 de diciembre de 1995.

«Existían competencias en el Kartódromo de Cocomar, motocross en Güines, o en el Parque Lenin. Aquello terminaba a la una, dos de la tarde, llegaba al estudio, editaba unos planos y al final del programa, cuando los espectadores esperaban el comentario de la ligas internacionales de fútbol, aparecía con esa noticia del día.

«Durante los últimos tres años me hallo inmerso en contar el acompañamiento de Cuba a los africanos, pero atm no puede dejar de salir porque lo aguardan los seguidores, aunque puedan consultar antes por internet los resultados del domingo».

Profesa gran estima por todos los miembros de su colectivo, pero especialmente por su especialista Willy Hierro Caveda. «No solo conoce la historia y domina la técnica; forma parte de estas disciplinas, corrió moto a 50 centímetros».

Un balón en los pies, un timón en las manos, una cámara y un fusil en los hombros: tres facetas de una vida, tres palabras de un nombre: Milton Díaz Canter.

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