Desde que hizo su reaparición en Copas del Mundo en 2014, con aquel grupo de Eden Hazard, Kevin De Bruyne, Romelu Lukaku, Marouane Fellaini, entre otros, Bélgica suele despertar sentimientos encontrados. Por un lado, la alegría de ver a una generación tan talentosa, y por el otro, la sensación de que se podía hacer más.
Evento tras evento, suelen llegar con el cartel de equipo tapado, teniendo en cuenta sus resultados previos y la calidad de sus jugadores; sin embargo, esto no sucede. Desde Catar-2022, cuando fueron eliminados en fase de grupos, y tras la agónica experiencia vivida en la Euro-2024, dejan más dudas que certezas.
Pese a todo, demeritar a los Diablos Rojos sería un error garrafal. En primer lugar, fueron podio mundialista, cuando en Rusia-2018 alcanzaron el tercer puesto; en segunda, tienen jugadores consolidados en la élite en casi todas sus posiciones.
Desde aquella generación dorada exhibida 12 años atrás, los belgas no han dejado de producir futbolistas de alto calibre, mostrando que aquello no fue casual.
Solo Lukaku (máximo goleador histórico), De Bruyne y Thibaut Courtois permanecen en el actual equipo, y todos irán por su cuarta aventura. A ellos se les sumarán Youri Tielemans, Amadou Onana, Leandro Trossard, Jeremy Doku, entre otros.
Rudi García, su actual D.T., tomó las riendas en 2025, tras la tormentosa etapa de Domenico Tedesco. Con él al mando, no hubo dificultades para acceder al certamen y buscarán llegar hasta cuartos de final, en dependencia de la fortuna en los cruces.
Bélgica lidera, por mucho, el grupo G, compartido con Nueva Zelanda, Egipto e Irán, que finalmente parece asistir a la cita mundialista.
Nueva Zelanda tuvo se debut en 1982, y su segunda y última aparición en 2010. Lo de ellos es el fútbol rugby, no este. Llegan con el cartel de Cenicienta, pero buscarán probar que su clasificación no fue obra de casualidades.
Sin las grandes estrellas que abundan en otras latitudes, cuentan con una base de jugadores que se desempeñan en diferentes ligas europeas y la MLS de Estados Unidos, complementados con otros que militan en el circuito australiano. Todos ellos serán liderados por Chris Wood, goleador en la Premier League.
Mohamed Salah tiene una deuda en Copas del Mundo. Esta será apenas su segunda y, presumiblemente, última; por tanto, buscará dejar su huella y llevar a Egipto más allá de la fase de grupos. Por cierto, los faraones aún persiguen su primera victoria en estos certámenes, tras siete partidos disputados.
La tarea no suena descabellada, pues Irán resulta un rival accesible para ellos; si no, pueden clasificar como uno de los mejores terceros. Salah contará con el apoyo de Omar Marmoush. El juego colectivo seguramente centrará su atención en ellos, claves para el triunfo.
El técnico Hossam Hassan fue ídolo en el país durante sus tiempos de delantero, y tuvo el honor de ser el capitán en el Mundial de Italia en 1990. Ya como entrenador, asumió en 2024 y consiguió el objetivo de devolverlo a las Copas del Mundo, luego de una ausencia de ocho años.
Tras varias disputas con los organizadores, finalmente todo indica que Irán viajará a la cita en Norteamérica. Ya transformado en asistente habitual a las Copas del Mundo, aspira, como mínimo, a superar el primer corte para meterse entre los 32 mejores.
De la mano de Mehdi Taremi, quien tuvo pasado reciente en la élite europea, los persas disponen en los puestos defensivos de una base sólida que se desempeña mayormente en su país. Serán respaldados en ofensiva por jugadores con pasado y presente en el viejo continente o la también importante liga de los Emiratos Árabes Unidos.
Visto el grupo G, nos decantamos porque los belgas se sacudirán de la eliminación temprana en 2022; mientras, egipcios e iraníes disputarán el siguiente cupo directo. Mis clasificados son Bélgica y Egipto.







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