ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Raider Sánchez es uno de los grandes talentos de la pelota cubana hoy. Foto: Ricardo López Hevia

Antes de comenzar el séptimo y último inning para Cuba, el preparador Marcos Fonseca le dijo a Raider Sánchez que él decidiría ese encuentro, al que el equipo llegaba en inferioridad. Aquel choque era de vital importancia, pues aparte de discutirse la medalla de bronce en el Panamericano de beisbol Sub-23, estaba en juego el último boleto al Mundial.

La situación conspiró a favor de la profecía de Fonseca. Raider Sánchez llegó al cajón de bateo con las bases llenas. Aunque rápidamente se metió en dos strikes, nunca perdió la compostura. Con sangre fría, pidió tiempo; pocos segundos después colocó la bola contra la cerca del center field y su tubey significó el empate.

«La fuerza es un bastión que tengo, y como tal no siento presión en esos momentos. Solo salgo a hacer mi trabajo», comenta uno de los héroes de aquel torneo, quien fuese incluido en el Todos Estrellas como mejor bateador designado. Además, fue el líder jonronero.

«Ese, y mi primer jonrón en el Guillermón, son los batazos que más he disfrutado», cuenta.

Raider Sánchez parece dotado por una fuerza divina y ella lo convierte en uno de los sluggers más destacados de nuestra pelota. Al inicio de la Liga Élite, el Latinoamericano sintió su poder, cuando colocó la bola en la tercera sección de gradas.

«Lo había hecho en la práctica. Me impresioné cuando lo di y me siento orgulloso de haberlo dado en uno de los estadios más importantes de Cuba», relata quien tiene al Guillermón Moncada como parque favorito para sus hazañas.

«No practico la rivalidad con ningún equipo. Disfruto jugar a la pelota y sentirme bien, sin importar quién esté por delante», confiesa.

EDUCADO PARA SER EL MEJOR

Antes de llegar a los terrenos de beisbol, Raider practicaba boxeo, aunque lo dejó, según alega, por situaciones familiares. Viendo su fuerza, quién sabe si los cuadriláteros perdieron a un buen pegador.

Sin embargo, su destino era otro. Antes de mostrar que los estadios en Cuba le quedan chicos, los vecinos fueron las primeras víctimas de sus dones.

«En ese entonces vivía en un edificio y en el barrio jugábamos mucho al pomito. Rompí los cristales de varias casas, y muchas veces tuve que mandarme a correr para que no me vieran», rememora.

Sus inicios en la pelota se remontan a los nueve años. «Mis primeros profesores pasaron un día por mi escuela y allí me captaron. Me gustó enseguida, y al año siguiente comencé a conformar preselecciones nacionales en las categorías infantiles».

Con 11 años, muestra de su rápido ascenso, hizo su primera preselección nacional. Más allá del júbilo, ese momento lo marcó. «Cuando no me llevaron, me propuse que más nunca alguien me excluiría de algún equipo Cuba.

«Desde entonces, es la idea más recurrente en mi cabeza y la que ha guiado mi vida; y la mantendré mientras siga en este deporte», expone.

–¿Cómo un niño puede arribar a ese grado de madurez?

–No sé si todos podrán, pero yo lo hice. Mi familia, sobre todo mi padre, siempre me aconsejó bien. Me educaron para que fuese el mejor.

Así, a base de palos y talento, el joven santiaguero ha ido ganándose su espacio en cada sitio donde juega. «Siempre tuve fuerza. Creo que es un talento que Dios me dio», afirma.

 

UN PROSPECTO TOP

Raider Sánchez nació en Santiago de Cuba, tierra de grandes peloteros y sluggers.

Como suele ser costumbre entre los más jóvenes, tiene su ídolo en su misma provincia: Orestes Kindelán. Y como «El tambor mayor», «Pututi», –según le bautizó la afición– también es receptor, aunque en menor medida.

«Empecé jugando primera base, pero por el somatotipo me pasaron a cácher. Ahí me desempeñé por muchos años, pero la posición que más me gusta es la de los jardines.

«Me gusta la receptoría y no lo hago mal, pero es agotadora y disminuye mi potencia ofensiva», explica.

Raider es uno de los principales prospectos del beisbol cubano. Sus manos, más allá del don de la fuerza, tienen el valor añadido de unas guantillas regaladas por Alfredo Despaigne, jonronero histórico de nuestra pelota.

Desde Japón varias franquicias han expresado su interés por él. «Sería muy bueno poder jugar en la segunda mejor liga del mundo. Su disciplina y métodos de trabajo me ayudarían a mejorar. Estaría muy agradecido si me llega esa oportunidad», opina.

Mucho se ha comentado sobre sus perspectivas y no pocos aseguran que tiene potencial de mlb. «Uno escucha y ve, pero solo me importa mi trabajo. Si se me abren las puertas un día, pues bien, es el anhelo de todo pelotero, pero no me preocupa», considera al respecto.

El santiaguero vive el presente, nada más. Si juega pelota, Raider es feliz. A fin de cuentas, es el diamante el lugar que más le place en el mundo, y a nosotros nos complacen sus cualidades.

«Mi principal objetivo en Cuba es jugar y hacer números, todos los que pueda para mi carrera y satisfacción».

Por cierto, Raider Sánchez solo tiene 19 años.

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