El nombre de Enmanuel tiene origen bíblico. «Me lo puso mi mamá, cristiana, y como significa “Dios con nosotros”, me bautizó así», confiesa.
El santiaguero, medallista de oro el año pasado en los Juegos Panamericanos Junior de Asunción, parece haber nacido con el don de la fuerza, más allá de los más de 70 kilogramos en músculos. Hacia el futuro del deporte cubano, es uno de los jóvenes con más proyección.
El idilio de Enmanuel de la Rosa y las pesas comenzó en sexto grado, tras pasar por pelota, judo, fútbol y taekwondo. «Fui un niño inquieto. Le decía a mis padres en qué deporte quería estar y ellos me apuntaban.
«Cuando llegué a las pesas me acostumbré a entrenar todos los días, hasta que le cogí el amor que le profeso actualmente», relata.
Fue el embullo de los niños, y quizás un toque del destino en su vida, lo que lo curtió. Criado en las calles santiagueras, el travieso Enmanuel probaba con los demás quién era el más fuerte del piquete.
Lo subjetivo jugó su rol. «Me inculcaron buenos valores. Mi entrenador decía que yo podía llegar lejos y que sería como los ídolos de quienes me hablaba».
El camino hacia el éxito «ha sido duro. Conseguir grandes cosas lo es; tienes que pasar trabajo, pero con el apoyo de las personas pude hacerlo.
«La fuerza es gracias al entrenamiento y sacrificio diario. Mi clave ha sido la constancia. Mi principal filosofía es dedicarle tiempo a lo que haces, proponerte grandes metas y educarte como persona.
«Muchos se quitan del deporte por problemas personales o familiares, o no se sacrifican como los demás. En mi opinión, he sido alguien con suerte y que ha trabajado por lo que tiene», explica.
Sin embargo, tras sus conceptos y logros, existe una persona y, como tal, con problemas. «No pienso en las dificultades; mi única idea es ser alguien en este deporte y tratar de sacar a mi familia adelante.
«Cuando entré aquí, al equipo nacional, no tenía familia en La Habana, estaba solo. Ahora no, pero trabajo siempre por traerlos para acá y tenerlos conmigo», expone quien, como muchos en el alto rendimiento, han sacrificado el confort para llegar al podio.
ENMANUEL ATLETA Y CAMPEÓN
En agosto del pasado año Enmanuel era una de las medallas de oro más seguras para Cuba en los ii Juegos Panamericanos Junior. Conforme a ello, así lo cumplió.
Anteriormente, en el Campeonato Panamericano Juvenil, celebrado en La Habana en marzo, había dado el aviso: realizó 140 kilos en arranque y 170 en envión, para un global de 310. Meses después, con cifras similares, subió hasta lo más alto.
«Esa competencia la viví tranquilo. Estaba muy calmado y concentrado en lo mío. Quería darle esa medalla de oro a Cuba», comparte.
La técnica es el punto más flaco del forzudo. Ella mermó los números finales, pues en las últimas alzadas de ambos torneos, aunque logrados en fuerza, los jueces no validaron los intentos.
«Cuando fallé en Asunción no pensé en nada; ya me sabía campeón. Solo me dolió no incrementar más el número total. Sigo trabajando en mi técnica, no quiero descuidar ningún detalle», expresa.
En diciembre, el santiaguero cerró el año con su boleto a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de este verano. Aunque concluyó séptimo, no pierde las esperanzas de colgarse otra medalla al cuello.
«Clasifiqué a Santo Domingo y espero ir. Va a ser complicado subir al podio, pero no lo creo imposible. Me voy a seguir preparando», cuenta.
Enmanuel es joven, edad compleja, lo que le da más méritos a sus logros. «Manejar los sacrificios es complicado; el deporte en sí los lleva. Hay que olvidar algunas cosas que yo, teniendo esta edad, no puedo hacer».
Este será su último año en la categoría juvenil, lo que le supone un nuevo reto. «Siempre me propongo crecer, ese es mi objetivo. Quiero mejorar a diario y para eso entreno.
«Es un salto exigente. Debo aumentar mi fuerza, pues los acumulados totales allí son superiores. Me siento listo, confío en mis esfuerzos», habla con certeza.
Enmanuel, el del nombre bíblico, y este Hércules monarca continental, no se diferencian mucho. Atleta y persona viven en armonía, regidos por la filosofía del trabajo duro. «Soy muy parecido fuera de las pesas. Mi vida entera la he dedicado al deporte y no pienso en otra cosa».






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