En la edición inicial de la Liga Élite del Beisbol Cubano, los Agricultores concretaron una tremenda remontada, inédita, cuando tenían la final adversa tres juegos a uno, pero lograron la corona en el Mártires de Barbados de Granma, gracias a la unión entre peloteros de esa provincia y de Las Tunas.
Aunque el segundo oro terminó en tierras yumurinas, nadie podrá olvidar la extraordinaria demostración de amor al beisbol, a la familia y a la vida, realizada por el pinareño Erly Casanova. Como refuerzo de Artemisa, lanzó un partidazo completo, definido 3-2 a favor de los suyos y que igualó la final a dos triunfos, sobrepuesto del dolor de la pérdida de su esposa unos días antes.
Igualmente, el gran Yordanis Samón alcanzó su primer éxito colectivo en lides de la Isla, vestido de cocodrilo.
La versión más reciente del certamen ratificó que los mejores refuerzos no son según se piden, sino cómo salen. Ciego de Ávila, descartado de casi todos los pronósticos, no frenó hasta el máximo lauro, plagado de lanzadores de la cercana provincia de Sancti Spíritus y con una temible alineación centrada en Frederich Cepeda, Samón y Dennis Laza.








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