Brasil llega a la Copa Mundial de Fútbol con la idea de sumar su sexta estrella. Tras varios fracasos, más o menos estrepitosos, las matemáticas la respaldan en su idea, por el número 24.
Cuando Italia levantó la última copa dorada, en 2006, habían transcurrido 24 años desde su último éxito en España-82. Similar le sucedió a Alemania, monarca en 2014, rompiendo la mala racha extendida desde Italia-90.
Además, la historia favorece a los cariocas, quienes en suelo norteamericano han alzado al cielo par de veces el trofeo. La primera fue en México-1970 y la segunda en Estados Unidos-1994, con la que, curiosamente, cortaron una cadena de 24 años de asueto.
Sin embargo, ni la historia o las matemáticas meten goles. El fútbol, además de veleidoso, se gana en la cancha con los jugadores, y esta versión de Brasil llega llena de dudas. Vale recordar que por primera vez en mucho tiempo no solo perdieron la punta en las eliminatorias sudamericanas, sino que anduvieron por un camino espinoso que los puso a coquetear con el repechaje. Claro, cuando aquello no eran dirigidos por Carlo Ancelotti.
El italiano tomó las riendas del plantel en 2025 y un año después buscará impregnar su aura ganadora para despertar al gigante del fútbol mundial. Para ello contará con jugadores muy talentosos como Marquinhos, Gabriel Magalhães, Estevao, Vinicius y Raphinha, por mencionar algunos nombres. La mayor incógnita recae en la participación de Neymar, no convocado en la fecha FIFA de marzo.
Brasil no debe tener grandes contratiempos en dominar el grupo C, compartido con Marruecos, Escocia y Haití. La mayor complicación estará en la fase de muerte súbita, en la que todas sus derrotas han sido ante planteles europeos.

Marruecos, cuarta en Catar-2022, campeona del orbe Sub-20 y de África, llega con la actitud de no conformarse con una actuación digna, aunque repetir la hazaña parezca difícil. Dispone de figuras envidiables para cualquier seleccionado, como Achraf Hakimi, Brahim Díaz y Ben Seghir.
Walid Regragui, el arquitecto del milagro hace cuatro años, ya no está en el banquillo. Sin embargo, Mohamed Ouahbi no es un desconocido, pues llevó al país al cetro Sub-20 y ahora buscará dejar su legado en un equipo que, a diferencia del fútbol africano, tiene orden táctico en sus talentos.
Estas dos naciones deben pasar sin problema alguno. La mayor disputa estará en definir los lugares, pues, de culminar con siete puntos, habrá que acudir a las fórmulas de desempate.
Escocia y Haití aparecen relegadas a un segundo plano, sobre todo los caribeños. Los europeos tienen su novena aparición, desde la de 1998. Superar la fase de grupos sería histórico, y parece la meta mínima, teniendo en cuenta que solo 16 de 48 serán eliminados al inicio.
Andrew Robertson, Scott McTominay y John McGinn deben comandar a un equipo caracterizado más por su voluntad que por su talento. Seguirán bajo el mando de Steve Clark, autor de las clasificaciones en 2021 y 2024 a la Eurocopa. En su expediente, aparece haber sido discípulo de José Mourinho, como parte del equipo técnico del Chelsea durante la primera etapa del portugués.
Haití, por su parte, no tuvo suerte en el sorteo. Lo más relevante para ellos será evitar cualquier goleada. Sin grandes figuras, la base de su éxito está en la convocatoria de jugadores dispersos en el mundo, con algún familiar del país.
Pero la historia de los caribeños es digna de escribir. Un país devastado como este vuelve a las Copas del Mundo, sin poder jugar como local en el proceso clasificatorio, debido a la inestabilidad política, el clima de inseguridad y violencia.
El grupo C está servido y, a mes y medio de iniciar el torneo, vale preguntarse: ¿Brasil ganará su sexta estrella? ¿Será Marruecos el primer monarca africano? Para ambas interrogantes, la respuesta debe ser no. Sin embargo, quedan muchos minutos por delante.







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