
«Lo primero que se me ocurrió fue venir para acá. Imagínate, nos enteramos de que bombardearon los aeropuertos. Yo enseguida pensé en el de Rancho Boyeros; vivo y vivía entonces pegadito a esa pista ¿Qué habría sido de mi familia, me preguntaba?».
Era el día 16 de abril de 1961 y él estaba en Costa Rica como parte del equipo cubano de beisbol que participaba allí en el XV Campeonato Mundial, entre el 7 y el 21 de ese mes de aquel calendario.
A punto de cumplir, el 7 de junio, sus 90 años, Pedro Chávez sigue hoy invicto, en Santiago de las Vegas, donde jugó cuatro temporadas con el Santiago Sport Club de la Liga Amateur Cubana. Pero empezó a los 16, en su natal Quivican, y también se desempeñó en la Liga Pedro Betancourt, en la cual obtuvo la triple corona de bateo: líder impulsador, en jonrones y en average.
«Fueron días muy tensos, salimos a jugar con mucha presión. Nos dijeron que la Revolución había sido derrotada, que Fidel se había pegado un tiro, que Raúl estaba preso. Aparecían varias pancartas frente al hotel insultándonos; también personas que nos conminaban a traicionar», recuerda el recio bateador, quien rechazó un contrato para jugar con los Yanquis de Nueva York que le puso en la mano Tom Greenwade, de esa organización, en 1957.
«Le dije que no, porque no me alejaría de mi familia y de mis amigos», me contó cuando lo entrevisté para el libro Rodolfo, el Puente Cuba del Béisbol.
Chávez, quien en esa lid mundialista de hace 65 años fue un bastión para su equipo, al quedar primero en impulsadas (19), en jits (17), segundo en jonrones, con cinco y astronómico promedio ofensivo de .459, nos relató el acoso y la hostilidad vivida allí.
«A Jorge Trigoura le dejaron una nota en el hotel que decía: “¿Tú eres el número 7? ¿Tú ves la palma a la derecha de la ventana de tu habitación? Desde ella te vamos a colgar como sigas jugando”».
Le pregunté qué hicieron ante la amenaza. «El mismo Trigoura nos habló a nosotros, y nos dijo: "No hay de qué preocuparnos, nosotros tenemos una sola misión, así que los de la palmita que se vayan al carajo”».
(Foto 292659. Pie: Jorge Trigoura respondió con serenidad y buen beisbol a una amenaza de muerte.)
Rememora Pedro Chávez que «no existía otro sentimiento que el de venir a como diera lugar, a cambiar los bates por los fusiles. Pero nos reunieron en el hotel y el compañero Matías Flores, uno de los que estaba al frente de la delegación, nos leyó un mensaje en el que la dirección del país nos decía: "Milicianos al fusil, estudiantes al estudio, trabajadores al trabajo, peloteros a la pelota. Su misión allí es ganar”.
«La encomienda se cumplió al pie de la letra, solo teníamos en mente el compromiso con el mandato recibido».
La historia hizo coincidir la grandeza de un pueblo: en las arenas de Playa Girón se producía la primera gran derrota del imperialismo en América, y en Costa Rica el deporte le daba a la Revolución su primer título mundial.
«Aquella victoria en la Ciénaga de Zapata y el triunfo de nosotros es lo más grande que me ha pasado en mi vida de revolucionario. Siempre tuvimos la mentalidad ganadora, pero cuando nos dieron la misión fue como si a los bates les hubieran puesto dinamita», me dijo Chávez, con un brillo en los ojos que no podía disimular.
«Jugamos bajo una tremenda presión. Nos impactó el día 13 la noticia del incendio de la tienda El Encanto, y para colmo en esa fecha nos enfrentamos a Guatemala, cuyo presidente había sido grosero con nuestro equipo, al despedir al suyo».
Chávez se refería al dictador guatemalteco Ydígoras Fuentes, quien había conminado a sus peloteros contra Cuba con la frase «denle duro a esos comunistas». Dura no, durísima fue la paliza que recibió su encargo, pues Cuba arrolló a Guatemala por 25-0.
Cuba fue la única que compiló sobre .300 al bate, con .355. Pero nadie como Trigoura ejemplificó cómo cumplieron la misión en una entrevista para estas mismas páginas. Nos relató que en sorteo para decidir el home club «nos regalaban esa condición; cuando preguntamos la razón, nos dijeron que era para que fuéramos una vez menos al bate y no le hiciéramos tantas carreras».
El equipo de la Mayor de las Antillas pisó home en 128 oportunidades en nueve encuentros, para un promedio de 14 por partido, y solo permitió 11.
El día que se supo lo de la invasión, el lanzador Rolando Pastor exclamó que «de los cobardes no se ha escrito nunca nada, salgamos como cubanos valientes que somos, para que se escriba la verdadera historia». Justamente el zurdo fue el abridor del juego del día 20 de abril, cuando ya conocían los peloteros de la heroica victoria. Le lanzó a Costa Rica, permitiéndole solo tres jits.
Hoy Cuba tiene la misma misión, la de ganar, con su pueblo y también con sus peloteros. Pedro Chávez aseguró que venceremos, por difíciles que sean las circunstancias. Afirmó que ya no tiene 20 años como en aquel Mundial, pero si se es revolucionario siempre se es joven; «y a los enemigos le digo lo que le dijo Trigoura a los de la palmita de Costa Rica».






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