ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Además de su reconocimiento por el relato deportivo, Bobby dejó una profunda huella en sus compañeros del periódico Granma. Foto: Tomada de La Jiribilla

Llegó de improviso aquella tarde y, en menos de lo que canta un gallo, Juan Antonio Salamanca, simplemente «Bobby», se adueñó de la redacción deportiva de este diario al comprometer a sus periodistas al torneo de ajedrez que iba a organizar.

Sentimos alegría de tenerlo como compañero y, aunque su estancia en Granma fue breve, caló hondo por su carisma de creador, su versatilidad en la narración deportiva, su imitación, por su parecido físico con el cantante francés Charles Aznavour o por la solución, en tiempo récord, del cubo de Rubik; aristas de un existir lleno de emociones.

Viene a la mente el amplio reportaje publicado en dos páginas del «periódico sábana», por su tamaño mayor que los tabloides, en el cual mostró las bondades de la cura para pacientes con problemas mentales en un hospital de día; también su asesoramiento a los recién llegados y el aprendizaje periodístico de temas nacionales de cualquier índole, pues nada de lo concerniente a la vida del país le fue ajeno.

Bobby impuso su gracia natural al narrar los partidos de beisbol con términos diferentes a los habituales. Su «tres golpes de mocha y lo tiró pa` la tonga», al referirse a un bateador ponchado, entre otras frases de un cubanísimo sabor a caña, le granjearon las simpatías del pueblo, que lo disfrutaba por radio.

Brilló en un dúo inigualable, junto al también estelar Eddy Martin, en la descripción de los partidos del Norceca de Voleibol de 1975, en Los Ángeles, ganado por Cuba. Utilizaron un complicado sistema conocido por «cuatro hilos», cuando todavía nadie soñaba con Internet, pero aún en esas difíciles condiciones no abandonaba su carácter jovial.

Pasó de ser suyo a pertenecerle a su pueblo. Lo comprobé una noche cuando me invitó a una boda pues era amigo de uno de los padres. En su vetusto Chevrolet de 1958 adivinamos el lugar en el Vedado y, tras ser saludado por uno de los suegros, se abrió espacio, porque fueron a felicitarlo por su labor todos los convidados al himeneo.  

El 5 de abril de 1987 dejó de escucharse la voz de Bobby Salamanca, un hombre perseverante, quien entró a su mundo, a finales de los años 40 del siglo pasado, al ganar el premio en un concurso, tras un tercer intento, por describir un imaginario duelo entre el lanzador del equipo Almendares, Conrado Marrero y el fornido bateador Pedro «Perucho» Formental, del Habana. Nacía así una estrella.

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