ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Canadá dejó a nueve corredores en circulación, pero no le impidió ganar. Foto: Getty Images

En los dos Clásicos Mundiales anteriores Cuba había estado cerca de quedar eliminada en la fase de grupos, pero un jonrón con las bases llenas de Alfredo Despaigne en 2017 y una carambola de resultados en la pasada edición evitaron ese descenso al abismo.

Esta vez nada impidió el final temprano, aun cuando comenzaron con victorias frente a Panamá y Colombia, pero Puerto Rico y Canadá ratificaron su favoritismo y vencieron al conjunto de la Mayor de las Antillas.

El último partido, ante los norteños, acabó definido 7-2, pese a introducir varios cambios en la alineación, como la entrada de Alexander Vargas (primer bate) por Erisbel Arruebarruena, la colocación de Yoel Yanqui en la inicial, junto al movimiento de Ariel Martínez hacia el jardín izquierdo y la entrega de la receptoría a Andrys Pérez, en lugar de Omar Hernández.

Sin embargo, pocos efectos surtieron estas modificaciones, unidas a otras a lo largo del encuentro, porque solo conectaron cinco jits (tres de ellos de Ariel, el único bateador constante en el certamen) y fabricaron dos carreras, una sucia.

Cal Quantrill les realizó una gran apertura, avanzó cinco entradas con solo dos imparables, cinco ponches y un boleto. Tras una complicación de Indigo Díaz en el sexto apareció una esperanza, pero un ponche de Adam Macko a Yiddi Cappe con las bases llenas diluyó las emociones.

En el próximo inning llegaron a colocar corredores en tercera y primera con un out, pero inició un fenomenal relevo el zurdo James Paxton con escón de ponches. En dos y dos tercios retiró a seis por esa vía y puso fuera a los últimos siete que enfrentó de manera consecutiva.

No pudo funcionar el esquema ganador de Liván Moinelo, Yariel Rodríguez, Yoán López y Raidel Martínez. Estuvieron lejos de dominar como se esperaba, pero influyó en inmensa medida el mal trabajo defensivo, pues solo tres anotaciones resultaron limpias.

Cuando un equipo batea tan poco y dispone de la posibilidad de contar con sus mejores lanzadores en un partido, la defensa debe actuar cercana a la perfección, pero desató un infierno, sobre todo en el sexto episodio.    

Cometieron tres errores; más un pasbol, una interferencia y un elevado de foul que hubiera podido atrapar Andrys Pérez; dos jits que parecían fildeables por Ariel y una obstrucción del antesalista. Además, los lanzadores incurrieron en tres violaciones de tiempo que costaron bolas.

De esta forma, el conjunto norteamericano avanza por primera a la segunda instancia de un Clásico y va, como Puerto Rico, a enfrentar a un rival de la llave B, en duelos en los que estos últimos parten con la condición de favoritos.

Por la Isla, salvo Ariel, quien compiló seis indiscutibles en 13 turnos, ninguno de los demás bateadores llegó ni siquiera a .300 de promedio. Todavía peor: con la excepción de Yoelkis Guibert y Yoán Moncada, todos los demás terminaron por debajo de .200, e incluso muchos con menos de .100.

El trabajo de los lanzadores, en general, resultó bueno, pero sin fabricar carreras resulta absolutamente imposible ganar. Y en caso de haber jugado mucho más preciso y derrotar a los canadienses, con esta ofensiva no hubieran sido capaces de ofrecer la menor resistencia en los cuartos de final.

Más allá del análisis de un partido determinado, con mayores o menores opciones de cambiar su resultado, la eliminación precoz del evento refleja las carencias actuales del béisbol en Cuba.

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