ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El director técnico ya había trabajado con algunos de los jugadores desde el proceso eliminatorio anterior. Foto: Cortesía del entrevistado

Cuando Sandro Sevillano Morejón militaba en la categoría Sub-17 del fútbol, estuvo a punto de vivir la experiencia incomparable de una Copa del Mundo, en 2001, pero aquella selección cubana necesitaba otro gol para clasificar y antes cayó el silbatazo final. El joven sufrió la peor amargura: quedarse a un solo paso de llegar.

Sin embargo, «la vida da revancha y lo conseguimos esta vez», dice al fin el artemiseño, aunque ahora a un costado del terreno. Con la responsabilidad de entrenador principal, dirigió el regreso a un certamen del orbe, en esta categoría, 35 años después de la última incursión, en Italia-1991.

Considera el actual grupo «compacto, con muchos deseos de aprender, caracterizado por la unión, la combatividad y por la disposición a la hora de enfrentar los partidos. Le fomentamos la mentalidad de perseguir el objetivo, no podemos terminar siempre con el sabor de habernos desempeñado bien, sin lograr resultados.

«Nos apoyamos mucho en jugadores del proceso anterior: Yankarlos Iglesias, Deiby Borrell, Iván Pacheco, quienes tenían un compromiso mayor y constituyeron el motor impulsor. Más allá de esos referentes, buscamos líderes en cada línea de la formación y nos enfocamos en convertir a cada uno en su propio guía».

El director confiesa sus métodos de trabajo: «Me veo como uno de mis muchachos, pues la virtud más grande de un entrenador consiste en llegar a merecer la confianza de sus alumnos, y establecer buena dinámica del colectivo técnico con ellos.

«Asimismo, abogamos por crearles sentido de pertenencia, para padecer el dolor del otro. Todos tenemos que ser y soñar como una sola alma».

En cuanto a los detalles del Premundial, asegura, siempre desean eludir en el grupo a los más fuertes, México y Estados Unidos. Entonces, la llave, aunque difícil, lucía más asequible, y «la clasificación no solo se conquistó ahora. Cuando estos niños fueron al torneo de la Unión Centroamericana (uncaf) dieron un golpe de impacto, y se percataron de la posibilidad de competir en esta área».

Comparte que El Salvador poseía 16 integrantes en academias de Estados Unidos, Belice nueve y Curazao 13, en instituciones formativas de Países Bajos; pero, sin dejarse impresionar ni amilanar, «debíamos salir siempre a buscar los tres puntos.

«El trabajo sicológico resultó decisivo, pues somos una nación en desarrollo en este deporte y muchas veces los partidos no salen como queremos. Si estamos seguros de nuestras fortalezas y aspiraciones, podemos compensar carencias técnicas o tácticas».

Para los tres encuentros, y en especial frente a la Selecta, «nos preparamos para atacar de forma efectiva y defendernos. Sabíamos que tendríamos escasamente la pelota y fuimos poco vistosos, pero sí certeros, con una convicción grande de aguantar las ventajas y transformarnos en el dolor de muela de los oponentes.

«Tras remontarles a los salvadoreños, sostuvimos la idea de protegernos bien y provocarles daño con dos atacantes preventivos. El planteamiento no funcionó completamente, porque ellos tiraron todas sus cartas sobre la mesa y empezaron a ir hacia adelante.

«Mirando el tiempo que restaba, nos enfocamos en cerrar los espacios, evitar que el balón le llegara con claridad a su número diez, Mayson Barillas, uno de los mejores dotados técnicamente. También se notó la desesperación de los nuestros, en lo cual debemos trabajar, pero mantuvimos la victoria de 2-1.

«Por último, nuestro plan contra Belice consistía en anotar y preservar esa diferencia, porque tres puntos son más que uno, aun cuando estábamos conscientes de que pasábamos con empate, como ocurrió».

Los videos muestran a Sevillano sereno durante el festejo de algunos goles, pero adentro bullía un volcán de emociones. «Traté de festejar de manera muy modesta para respetar a los contrarios; sin embargo, lo disfruté muchísimo. No alcanzo a explicarte, traté de contenerme, aunque al final corrí, y saludé a los jugadores, con mucha alegría.

«El mayor mérito no es mío, sino de los futbolistas que comprendieron, en cada momento, las indicaciones y pusieron el alma en función de permitirnos gritar, con felicidad: ¡Vamos, Cuba!

«Yo solo les di el 5 %, ellos pusieron el resto. A los entrenadores nos toca gestionar el proceso y a los protagonistas, hacerlo realidad». Al margen de ese razonamiento, nunca olvidará cuando, tras asegurar el boleto mundialista, sus alumnos les decían a él y a los miembros de la dirección: «Gracias a ustedes», «Profe, lo logramos».

Acerca del venidero torneo planetario, en Catar, opina que asistirán en las mismas condiciones de los demás y con posibilidades de brindar un buen espectáculo. Lo más importante, más allá de los triunfos, reside en sacar experiencias, expresa.

«No hablo de ganar el Mundial –aunque nada resulta imposible–, pero sí de competir, guiados por el ejemplo de la Sub-20 que empató con Italia. Tenemos el ansia y la ambición de escribir historia».

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