ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El trebejista finalmente empieza a coronar el gran esfuerzo de su carrera. Foto: Ismael Batista Ramírez

La vida no siempre es justa, pero en esta ocasión lo fue con Lelys Martínez. Desde su debut en los torneos domésticos de ajedrez, en 2005, varias veces había coqueteado con el trono, pero nunca lo había ganado… hasta 2026.

Tras finalizar su partida final y ganarla, Lelys es un cúmulo de sentimientos. Habla sobre ella con su rival, pero su mano le tiembla por la emoción, se abraza tendido con sus conocidos y su voz delata un llanto de felicidad ahogado en su interior. Él ha saldado una deuda consigo mismo, confiesa.

«En 2008 estuve muy cerca. En la semifinal llegué a eliminar a Lázaro Bruzón, pero luego perdí con Yuniesky Quesada», recuerda sobre su primera medalla.

El santiaguero, sin muchos reflectores, es uno de los mejores ajedrecistas de la Isla y su historial lo prueba. Sumada a su más reciente corona, exhibe además la de monarca nacional juvenil en 2002 y la de Blitz, en 2024. Además de ello, exhibe dos preseas de plata y tres de bronce en el torneo absoluto.

Tras su flamante éxito, Granma le propuso una partida más al nuevo campeón nacional, la cual aceptó sin poner peros.

–¿Qué se siente poder ganar el Campeonato de Cuba?

­–Es algo que me debía desde 2008, en aquel entonces se jugaba por matches. En otras ocasiones quedé en podio, pero nunca había ganado. Esta victoria la tenía pendiente. A veces no se dan las cosas, pero uno lo intenta siempre.

–Llevas varios años en podio, e incluso has sido campeón nacional en Blitz. Explícame qué implica saldar esta deuda.

–La tenía conmigo y con la afición, que siempre me motivó. En todo momento, siempre me han empujado a tratar y a ganar.

–¿Cómo ves el torneo desde tu posición de jugador y campeón?

–Fue muy duro, con partidas tensas todos los días. Pienso que salieron las cosas, eso es clave, porque te permite vencer en juegos importantes.

–Estuviste la mayor parte del torneo en la punta, luego te empatan y finalmente despegas ¿Cómo es el cúmulo de emociones a lo largo de esas rondas?

–La noche antes de la fecha final apenas dormí. Tenía un rival muy difícil y mi cabeza quería prepararse para afrontar el momento. Pretendí jugar con calma, cuidarme de los riesgos y triunfar al seguro.

–Tuviste la desventaja de las piezas negras, y defenderse en el ajedrez es lo más difícil…

–Estudié libros rusos y aprendí una idea: primero hay que luchar por igualar y luego buscar la superioridad. Esa era mi filosofía en la última fecha.

–¿Cuál fue la clave de tu éxito?

–Me tocaba ganar. He estado entrenando y haciendo todo lo posible. Vine a intentar lo mejor que podía y se logró. En esta ocasión cometí menos descuidos, también influyó.

–Háblame sobre Lelys y los equipos olímpicos.

–He estado cerca, pero no lo he logrado. Por cosas que solo saben quienes organizan el equipo olímpico, nunca he asistido. Esta será mi primera ocasión.

Siempre he jugado bien, pero hay muchos requisitos algo turbios. Recuerdo un año en que dominé el Continental, luego presenté muy buena forma en un torneo de clásicas y al final no me llevaron.

Estar en ese conjunto por primera vez fue una motivación extra. Quería conseguirlo, y como campeón, lo alcancé. Era algo que se me debía.

–¿Qué significa esta primera ocasión?

–Muy bonito representar y luchar por mi país, y una razón más para superarme. Quiero protagonizar algo grande.

–Comenzaste cuando una pléyade de estelares a nivel mundial. ¿Cuánto has crecido tras compartir con esa generación dorada?

–Competí con casi todos, excepto con Leinier Domínguez. Aprendí mucho con Reinaldo Vera, Walter Arencibia y Jesús Nogueiras, pero sobre todo con Juan Borges. Él me crió como un hijo en el ajedrez, entrené mucho con él y muchas veces nos daba la noche. Aún lo hacemos en la actualidad.

–Desde 2023 y 2025, tus últimos podios, ¿cuánto has cambiado?

–He mejorado en conocimiento y entendimiento, pero he bajado mi ELO. El ajedrez moderno es muy competitivo y fuerte. Tengo que agradecer a muchas personas en este proceso: mis entrenadores de base, mis profesores, y en especial, a mi esposa e hijo. Sin ellos no habría sido posible.

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