Con la mirada puesta en la sostenibilidad y el desarrollo generacional, la Comisión Nacional de Baloncesto ha diseñado una transformación profunda para la próxima Liga Superior (LSB) en su rama femenina. Más que un simple cambio de nombres, el nuevo formato busca blindar la reserva deportiva de la Isla y alinear el campeonato doméstico con las exigencias actuales del entorno internacional.
A diferencia de la edición anterior, donde los equipos se agrupaban bajo denominaciones geográficas, la venidera LSB otorgará el protagonismo a las provincias. La Habana, Camagüey, Santiago de Cuba y Villa Clara serán las cuatro sedes y protagonistas del certamen.
Esta selección no fue azarosa; responde a una evaluación integral que premia el trabajo de base en todas las categorías (desde la Sub-13 hasta la juvenil), otorgando el derecho de participación a los territorios con mejores resultados sistémicos, un criterio que no es el ideal pero se aplicará por la imposibilidad de realizar el torneo nacional de ascenso en las actuales condiciones.
El sistema de competencia mantendrá la intensidad de cuatro etapas concentradas, en las que los quintetos se enfrentarán bajo el formato de todos contra todos a dos vueltas, garantizando un calendario dinámico y exigente.
Una de las novedades más interesantes radica en la conformación de las plantillas. Para evitar que el talento de las provincias no clasificadas quede inactivo, se ha creado una bolsa de jugadoras de la cual cada equipo podrá seleccionar cuatro refuerzos mediante sorteo.
Sin embargo, la apuesta más audaz es la inclusión obligatoria de la juventud. Cada nómina deberá sumar a dos atletas adicionales provenientes de una bolsa especial de primer año juvenil y último escolar. En total, cada equipo contará con seis jugadoras externas, asegurando que la calidad se distribuya de manera equitativa por todo el país.
Dalia Henry, presidenta de la Federación Cubana de Baloncesto, explicó a Jit que estas medidas responden a las nuevas normativas de la FIBA. Actualmente, las clasificaciones a eventos múltiples dependen de los resultados en categorías inferiores, y torneos de gran envergadura como los Centroamericanos y Panamericanos se disputarán con selecciones sub-20 y sub-21, respectivamente.
Para garantizar que estas figuras en ascenso no se limiten a observar desde el banco, el reglamento de la LSB ahora impone condiciones tácticas, entre ellas, las jugadoras de la reserva deberán permanecer en cancha, de forma obligatoria, al menos un cuarto completo por partido.
Tampoco podrán coincidir en la duela más de dos refuerzos simultáneamente, a menos de que se traten de las atletas juveniles, lo que obliga a los entrenadores a gestionar el talento local y joven con mayor rigor.
El propósito final es ambicioso pero necesario: lograr que la reserva femenina cubana acumule al menos 24 partidos de alto nivel antes de insertarse en el circuito internacional. Con este nuevo diseño, el baloncesto femenino cubano no solo busca una campeona nacional, sino que intenta edificar una base de jugadoras experimentadas que devuelvan a la Isla a los podios de los juegos multidisciplinarios.






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