La edición 64 de la Serie Nacional está llegando a su fase decisiva e involucrará a los ocho mejores equipos del campeonato. Se prevé un espectáculo superior para la fase que se avecina, como en certámenes anteriores, pero vale la pena pensar en el nuevo escenario del deporte cubano y las oportunidades para el fomento de las industrias culturales y creativas en el beisbol.
¿Será coherente esa posibilidad desde la teoría? Por su actualidad y rigor, se toma como punto de partida el concepto esbozado tras sucesivos talleres convocados por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, como resultado de un debate amplio y plural, de encuentros anteriores con directivos, empresarios, artistas y creadores.
A los efectos del deporte, pudieran adecuarse algunas cuestiones, pero, en esencia, entendemos como industrias culturales y creativas a las «organizaciones, instituciones y/o empresas, de micro, media y macro escala, con alcance local/comunitario, nacional, regional o internacional, que producen bienes y servicios fundamentalmente signados por la creatividad y/o marcados por un fuerte contenido artístico o patrimonial, y que pueden estar sujetos a derechos de autor».
En la práctica, ¿cómo se aplicaría al beisbol de la Isla? Primero, comprendamos que cada juego es un producto cultural único e irrepetible, signado por contextos también singulares. La memorabilia asociada a este deporte (todavía escasa, aún con el concurso y esfuerzo de diferentes formas de gestión económica), permite atesorar ese patrimonio que se conecta con el pasado y es un legado para el futuro.
Además, como producto insertado en una industria cultural y creativa, genera ingresos antes, durante y después del choque, sin que ello implique una mercantilización excesiva. Para llegar a ese punto, resulta imprescindible conocer cuánto cuestan el partido de pelota en Cuba y los aseguramientos necesarios para un espectáculo digno dirigido al aficionado.
Por otra parte, la Ley del Sistema Deportivo Cubano, en relación con una legislación nacional en permanente transformación, permite alianzas novedosas. En ello resultará clave la transición de nuestros estadios a gestionarse como unidades presupuestadas con tratamiento especial, manteniendo actividad durante todo el año y no solo cuando haya competencias.
Desde las instalaciones, con Salones de la Fama, salas en las que se exhiba el patrimonio y recorridos guiados, se genera un producto diferenciado para cada jornada, junto a artistas e intelectuales de provincias y municipios.
La idea anterior se conecta con estrategias de desarrollo local, sobre todo a nivel municipal. Las finales de las series provinciales y los torneos de Clubes Campeones revolucionan el accionar de los territorios, inmiscuyendo no solo a las direcciones municipales de Deportes.
Hay oportunidades para el estadio en la generación de empleos, en la diversificación de opciones culturales para la localidad, y el encadenamiento con otros sectores. Un funcionamiento efectivo de estas oportunidades repercute en la remuneración de todos los involucrados en el juego.
Reformular la gestión del beisbol cubano hacia industrias culturales y creativas es una deuda que tenemos todos para seguirlo enalteciendo, cuando se cumple el quinto aniversario de su proclamación como patrimonio cultural de la nación, prácticas y saberes asociados.

















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humbertóm dijo:
1
7 de enero de 2026
12:34:24
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