
Muchos nos despertamos aquella madrugada detrás de una ilusión, pero nos atrapó la amargura cuando el equipo Cuba de beisbol perdió, por 6-1, frente a República Dominicana, en el debut en el Premier 12.
Sin embargo, mi pesar pronto desapareció gracias a Enrique Cepeda, quien albergó sueños de pelotero en su infancia, aunque su debilidad visual lo alejó de los diamantes y grabó su nombre en el atletismo. Su presencia en el Coliseo de la Ciudad Deportiva me cambió el signo de aquel día, en apariencia condenado a la desolación.
A poco más de un mes de nacido, una fiebre le generó convulsiones y afectó su nervio óptico. «Los muchachos me gritaban: “¡Bizco!’’; con seis años no quería ir a la escuela, pero me operaron por primera vez y mejoré. Además, mis padres me acompañaron, sin lástima. Crecí en un barrio en condiciones de vulnerabilidad, pero mi formación me salvó.
«Me inicié en el alto rendimiento a los 18 años, en los 100 y los 200 metros. Ingresé en 1984 en la Asociación Nacional de Ciegos, determinaron mi grado de discapacidad para establecer mi clasificación médico-funcional y competir. El enfrentamiento con oponentes convencionales me ayudó a aumentar el nivel.
«El Campeonato Mundial de Suecia, en 1986, me planteó un reto, pero me dieron plena confianza. En el hectómetro derroté al monarca y al subtitular del orbe, el estadounidense de apellido Smith, y al venezolano conocido como “Taca Taca’’. Me atreví a saltar largo y rompí el récord del planeta, con 6,40 metros, pero lo superaron por diez centímetros.
«En esa prueba sufrí una manipulación en Barcelona-1992, cuando me consideraban el favorito: llamaron a cada contendiente de forma personal, menos a mí. Me desquité en el triple, con nueva marca absoluta de 14,56 metros.
«Conquisté el bronce en los cien, con una ruptura de miofibrilla en el aductor izquierdo durante la carrera. Ascendí a plata en Atlanta-1996, detrás del italiano Aldo Manganaro, y gané en el triple.
«En esa urbe me encontraba sobre los 6,90 metros en la longitud, pero en la quinta oportunidad me frené y quedé en 6,54. Mientras repasaba mis errores, decidí adelantar siete pies en la tabla y logré 7,17, nuevo registro del certamen, para rebasar al bielorruso Igor Fortunov, con 7,02. Me paré, tiré arena y empecé a provocarlo; cuando cometió falta le dije: “Finish, nos vemos en Sidney”.
«Él resultó mi sempiterno rival: me vencía en el largo en los mundiales y yo me vengaba en los Paralímpicos. En contraste, en el triple me imponía con mucha facilidad y quebré la barrera de los 15 metros en Alemania, en 1994, luego la fijé en 15,56 en una Copa Cuba».
Las circunstancias colocaron a Cepeda en más de una encrucijada en sus próximas citas estivales: «En Sidney-2000 padecí un desgarramiento muscular y me mantuve varias fechas sin ninguna actividad, pero me presenté en 100 metros para obtener la posibilidad de saltar. Me estiré hasta 6,80 metros para el oro, el campeón era yo y me tenían que desbancar en el terreno, no acostado en una cama.
«Bajé de categoría en Atenas-2004, y me ubiqué cuarto, con 14,39 en el triple. Llevaba algunos años separado de ese evento, porque jamás lo volvieron a convocar en la categoría superior. Renuncié a varios intentos, y solo ejecuté el primero y el último, porque coincidió con el relevo 4x100, en el que me integré con Fernando González, Adrián Iznaga (y su guía Ángel Jiménez) e Irving Bustamante.
«Pudimos alcanzar la corona, pero nos enredamos en el primer cambio y nos entregaron con mucha desventaja a Irving y a mí. Ganaron los chinos, y los brasileños fueron terceros».
Cepeda protagonizó una actuación casi perfecta, con diez títulos, en Juegos Parapanamericanos. En la justa global de 1994, en Alemania, triunfó en el triple, segundo en 100 y 200 metros, y tercero en longitud. En 2002, en Francia, lesionado, arañó un bronce en la longitud.
El retiro llegó en 2005, pero continuó como Presidente de la Comisión de Atención a Atletas con Discapacidad. Ejerce también como Jefe Técnico del goalball, judo, beisbol para ciegos –actual monarca del orbe– y ajedrez, tercero en el Mundial online de 2023.
Aporta sus criterios acerca de la actualidad y el futuro: «La salud del movimiento paralímpico no ha decaído, aunque urge trabajar fuerte para el venidero ciclo. Así como Fidel expresó: “en el pueblo hay muchos Camilos”, también existen en él muchas Omaras».
Asegura que «tienes que transmitir tus enseñanzas a tus hijos, a tus amigos, a quienes te rodean; solo si lo inculcas lo van a aprender. Agradezco mucho a mis padres y a la Revolución».
A Enrique Cepeda lo motivaron los valores, la dignidad, la lección heredada de su Comandante sobre cómo salvaguardar de las tentaciones los conceptos y la belleza de cada persona: «Ningún dinero puede comprarme, pues los principios no son negociables».












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