Cerca de ella, el tiempo parece una ilusión. Noraivis de las Heras Chivás lo derrumba con su voz, anunciadora de una voluntad sin límites para comenzar otra vez desde cero, en cualquier instante.
Aunque en Guantánamo la captaron en 400 metros para la Escuela de Iniciación Deportiva Orestes Acosta, de Santiago de Cuba, pronto transitó al lanzamiento de la jabalina y la impulsión de la bala, y en la última acaparó el título durante tres ediciones de los Juegos Escolares.
Volvió a su provincia para estudiar Economía, y en un torneo con sede en La Habana, casi sin entrenar, reaccionó con más de 12 metros a la pregunta de su profesor: «¿Cómo vas a venir desde tan lejos para perder?». Su vida se encargaría de responder esa interrogante.
«Sufrí un accidente a los 18 años. Me convertí en madre con más de 30, casi súper abuela, y me dediqué a mi niña. Siete meses después del parto me llamaron a una competencia en Santiago. En ella rebasé los diez metros en la bala, con una década y media alejada de su práctica.
«En contiendas como las paralimpiadas nacionales ganaba ese implemento y la jabalina, y debuté en el disco con menor dominio. En 2002 ingresé en el equipo Cuba, bien sazona ya.
«En Mar del Plata-2003 nos afectaron problemas organizativos nuestros, pero llegamos gracias a las gestiones del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación, así como de la Asociación Cubana de Personas en Situación de Discapacidad, con Mabel Ballesteros al frente de la atención a atletas.
«Arribamos allá a las seis de la mañana, incluso ya había pasado un evento, pero Mabel recordó que somos cubanos, guerreros. Aunque con una pequeñísima delegación, todos obtuvimos medalla de oro. Yo triunfé en el disco e implanté récord mundial en la bala, con 11.39 metros.
«Rumbo a Atenas-2004, continué mi progresión en esa prueba. Aunque en la final realicé el mejor disparo de 11.98 metros, solo alcancé el bronce. Todos preguntamos qué ocurrió: debido a la unión de categorías, dos chinas me desplazaron, aunque siempre me creo la campeona».
Noraivis elevó su nivel hasta los 12.26 metros, válidos para la plata en el Mundial de Assen, Países Bajos, en 2006, y antes de Beijing-2008 terminó a dos centímetros de los 13 metros. Sin embargo, tras casi nueve años regresó bajo la pupila de René Sagarra. «Les agradezco mucho a él, a la profesora Xiomara Rivero, a Mabel y a Liudis Masó por su voto de confianza. La bala llevaba un largo periodo fuera del programa paralímpico en mi categoría y, si la convocaban en Río-2016, me visualizaba capaz del metal dorado, pero solo pude volver en el disco.
«Al igual que la jabalina, constituye un implemento ligero y, al margen de la fuerza física, necesitas perfeccionar los detalles técnicos para caminar con ellos. Mi amputación en el pie izquierdo me limita el apoyo y me cuesta completar el movimiento del medio giro.
«En Lima-2019 resulté subcampeona en disco. A Tokio acudí loca por el miedo, el estrés y la ansiedad generados por la covid-19, me mataron sicológicamente. La bala retornó en París y me centré en ella desde enero, pero nadie recupera en seis meses tanto tiempo perdido.
«Para estos Juegos me faltó una mejor preparación, sobre todo por la ausencia de un entrenador específico para nosotros, no compartido con los convencionales. Le pedí al profesor trabajar para saber hasta dónde yo podía llegar, sin tomar en cuenta mi edad.
«En unos pocos días, en la base de Pamplona, España, superé los 10.60 metros. Aunque casi nadie confiaba en mí, en París accedí a la final y establecí mi registro de la temporada en 10.34, a pesar de la lluvia y del frío. Juan Yao venció con 12.53, marca que yo antes hacía en el calentamiento. Los resultados fuertes de ese evento me pertenecían.
«Por primera vez tendrán lugar los Paracentroamericanos, y me veo con posibilidades de subir a lo más alto, así como de competir en los Parapanamericanos».
Sobre sus vínculos familiares, tanto en el deporte como entre sus consanguíneos, confesó: «En el equipo me dicen la mamá de los pollitos, la mujer de acero, la Mariana guerrera, y estoy orgullosa de eso. Soy una mujer de casa, trabajo mucho, atiendo a mis viejos, tengo una hija de 23 años. Me gusta darme unos traguitos, mi música, pero todo dentro de mi hogar.
«Me llevo bien con mis vecinos, amistades y el pueblo entero, mientras me quieran y respeten. Además, tengo que agradecerle mucho a Fidel, porque sin él hoy en Cuba no fuéramos nadie».
Noraivis de las Heras considera una burla la crítica a la edad de los atletas, porque existen más como ella, sordos ante las amenazas del calendario y determinados a destruir la noción del tiempo.












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