ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Jit

Lo noticioso pudiera ser (o parecer) que, con el triunfo de Santa Clara sobre Sancti Spíritus, ya Cuba tiene definido el equipo que llevará a la Serie Mundial de las Pequeñas Ligas, en agosto, en Pensilvania, Estados Unidos.

Lo estremecedor, sin embargo, no vino por el score con que los anaranjaditos impusieron su calidad en el doble juego sabatino, en tierra del Yayabo, que tornó innecesario el tercer partido, en el estadio René Díaz Rodríguez.

Hay que rendirles culto a la adulta madurez y a la fraternidad con que, desde su mundo infantil, los integrantes de ambos equipos disfrutaron cada jugada, inning por inning. «Jugaron como hombres y se divirtieron como niños», afirmó la colega espirituana Elsa Ramos, en un texto justo a la medida de esa emocionante final.

Como si les hubieran extirpado el nerviosismo con el bisturí de la seguridad, los chicos de ambos conjuntos mostraron y demostraron que no ha sido estéril lo plantado en ellos, a ras de terreno, por entrenadores y directivos. Hablo de elegantes fildeos, batazos muy bien conectados o intencionalmente dirigidos, lanzamientos inteligentes desde el montículo, respeto, disciplina…

Aunque nadie les cursó invitación, las lágrimas se colaron en el espectáculo, sobre todo a la hora de su desenlace. Y lo curioso es que no solo hicieron acto de presencia entre los supuestos perdedores o derrotados (la gran verdad es que los dos equipos salieron vencedores), e incluso entre quienes, por carreraje, cargaron con la victoria, sino también en una buena parte de los padres, sin duda convertidos en «más niños que sus propios hijos».

Fue ese el modo en que, esencialmente, todo el mundo ganó, en el contexto de un torneo en el que los niños se divierten jugando, y esa es una de las esencias de nuestro deporte.

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