ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: acn.com.ve

El último día de la fase de grupos de la Serie del Caribe Miami 2024, en un partido de trámite para los ya clasificados Tiburones de la Guaira, el montículo emitió los designios celestiales de un ángel, convertidos en lanzamientos triunfadores sobre el bateo del equipo de Nicaragua, los Gigantes de Rivas.

El lanzador venezolano Ángel Padrón parecía de otro mundo y le bastaron 88 envíos –57 en zona buena– para colgar nueve ceros, con cuatro ponches, basado en su sinker y su cambio. Solo embasó por boleto a Raudy Read en el inicio del octavo, pero respondió con una doble matanza sobre Melvin Novoa.

En el noveno, ponche contra Ariel Miranda sin la menor resistencia de un intento de swing, línea de Jesús López a segunda y rodado de Omar Mendoza por el campo corto eliminaron las esperanzas de los Gigantes de colocar al menos una pelota en territorio de nadie y sellaron el marcador 9-0.

Entre la alegría y el desconcierto por sumar su nombre a una lista con un solo precedente, Padrón aseguró: «Yo quería llorar, de verdad no tenía palabras, no tengo palabras todavía para describir lo que pasó. Pero bueno, cuando se hizo el out me lo creí y me dije, wow, soy historia».

Entonces, seguro de su inspiración divina, le agradeció a Dios. Si existe una deidad del béisbol, anoche vestía una camisa de los Tiburones de la Guaira y a las 11:02 extendió los brazos para felicitar a su emisario.

El director Oswaldo Guillén tenía previsto a Luis Martínez para iniciar el compromiso, pero un poco de dolor en su brazo abrió una brecha por donde pasó un ángel que abandonó su función de relevista para caminar ¡y con qué paso! toda la ruta.

En la cuarta entrada, el zurdo cobró conciencia de la perfección de su trabajo, pero, confesó: «creo que mantuve la calma. Dije que no iba a pensar mucho en eso para que no me ganaran las emociones y creo que fue lo que hice».

El logro realza su importancia en tiempos de gran profesionalización del bullpen y de abridores con un promedio de 5 y 6 innings por salida. Pero nadie tendría el valor de pedirle la pelota, máxime con un apoyo contundente a la ofensiva de Odúbel Herrera (5-3, 2CI), Ramón Flores (4-2, 2CI), Leonardo Reginatto y Alcides Escobar (ambos de 4-3, 1CI).

Con su desempeño, Padrón vengó a su país porque antes de él solo consiguió la hazaña en Series del Caribe el estadounidense Tommy Fine, de los Leones de La Habana, contra la novena venezolana Cervecería Caracas, en Ciudad de Panamá en 1952.

Una línea común une a los dos lanzadores: ambos firmaron por los Medias Rojas de Boston; el primero en 1938 y el segundo en 2015. Los dos desarrollaron trayectorias discretas en el sistema de las Grandes Ligas, pero abrieron con su brazo un acceso a la inmortalidad durante un día, aunque sus carreras deportivas les impida pensar en los recintos dedicados a los salones de la fama.

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