Despedimos el año de la pelota en Cuba con la toma de refuerzos de la II Liga Élite. Pero al despertar 2024, en su mismo desayuno, la tendremos de vuelta, el 6 de enero, con los play off de esa lid que, con todos sus achaques, no ha dejado que la esférica blanca de costura roja se nos salga del corazón.
Un sorbo de calidad se toma la Liga con el nuevo fortalecimiento de los cuatro grandes. El otro ha de beberlo en el estadio, ese espacio de frenesí en el que todos respiramos a la misma vez, cual coreografía espontánea, que termina de manera abrupta para unos y en euforia en otros, según el resultado de los artistas en un terreno que se convierte en mismísimo plató. En él, público y actores se conectan tanto, que la adrenalina baja de las gradas para tomar el terreno.
El estadio es un ser vivo, y late aún más fuerte cuando el pelotero siente palpitar los corazones de quienes les exigen el triunfo. Es allí donde la pelota se realiza en la interpretación de una singular «beisbolista», de altos y largos jonrones intelectuales, Grazziela Pogolotti. «La pasión se
desborda y atraviesa transversalmente todos los sectores de la sociedad. Es, sin duda, por su fuerza contaminante, el fenómeno cultural de mayor alcance y arraigo en Cuba», escribió.
Ahora a Matanzas, Artemisa, Industriales y Las Tunas, ya reforzados, les corresponde no fallarle a la afición para que la pelota nos siga llevando al estadio, que ha de vestirse de gala. Si hay una luz que arreglar o una pizarra que mejorar, este es el momento, como también lo es para que cada una de esas provincias viva un gran espectáculo de pueblo, con diversas opciones. La pelota invita y convoca.








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