ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Parte de la Franja de Gaza bombardeada en una imagen del periodista palestino Hosam Salem Foto: Tomada de Twitter

Más de dos meses, desde el pasado 7 de octubre, lleva el mundo bajo una cotidianidad que espanta. Los titulares de diarios y televisoras no cambian, la muerte es el guion. Así vive lo que queda de la Franja de Gaza, lo que queda de Palestina.

Pero, aunque la masacre de este epílogo de 2023 ha teñido de rojo el mar que baña a Gaza, lo cierto es que son más de 75 años de sufrimiento y de dolor para ese pueblo. Lo ha sido, incluso, después de aquella resolución de la ONU, la 181, del 29 de noviembre de 1947, que dejó definido el territorio de dos Estados, porque ese texto no encajaba, ni encaja, en la filosofía del agresor.

Tanto es así, que David Ben-Gurión, considerado el fundador de Israel, en 1948, dijo que «aceptar la partición no nos compromete a renunciar a Cisjordania». Tampoco conectaba, hoy mucho menos, con el postulado del Gran Israel, la base ideológica del partido gobernante, el Likud, fundado en 1973. Esa propuesta de la extrema derecha en el poder, que ocupa 64 de los 120 escaños del Parlamento israelí, es la causante del genocidio, que casi nos acostumbramos a leer y ver todos los días en la prensa. Las cifras de muertes son escalofriantes, y congelan el corazón de la humanidad la de los niños.

No ha escapado ningún ser viviente a este holocausto. En el deporte, que es una autopista para la paz y la fraternidad, el colmo es que un estadio, que debe alojar emociones y alegrías, sitio para el esparcimiento, lo hayan convertido en una fosa común, o que otro, levantado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, esté reducido a cenizas.

De acuerdo con un comunicado de la Asociación Palestina de Fútbol, el ejército de Israel ha asesinado a 85 deportistas, 55 de ellos futbolistas, y 30 de otras disciplinas. Entre ellos, denunció, hay 19 menores de edad y 37 jóvenes.

Sume a las consecuencias de la agresión que nueve instalaciones han sido totalmente destruidas por las bombas, y Prensa Latina informó que también fueron víctimas del mismo fuego que Estados Unidos impidió en la onu que se detuviera, tres clubes ecuestres, un campo de beisbol y varios centros de artes marciales.

Estamos en plena tregua olímpica, esa que la Carta Olímpica mantiene como herencia de la antigua Grecia, que es sagrada y que violarla es objeto de sanción al infractor. El Comité Olímpico Internacional acaba de anunciar que los atletas rusos y bielorrusos podrán participar en París-2024, en calidad de neutrales, no bajo bandera e himnos, por el conflicto en Ucrania.

Entonces, ¿quién le pone el freno a Israel, o a Estados Unidos, que vetó lo que el mundo pide a gritos el alto el fuego en Gaza? ¿Los muertos no cuentan en esa tregua, o es que se ve distinto cuando el que mata o deja matar son Israel y Estados Unidos?

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