«Debemos proteger a los atletas, al deporte limpio, y asegurarnos de que la salud y el bienestar estén a la vanguardia de todo lo que hagamos», afirmó Ary Graça, presidente de la Federación Internacional de Voleibol (FIVB).
A pesar de que no son muchos los dopados, este deporte, a las puertas del año olímpico, tomó medidas desde el inicio de 2023, ante la cantidad de eventos concebidos por una organización que cuenta con 222 federaciones nacionales afiliadas. El interés es trabajar más seguros, para «llegar a París-2024 con la sensación de logro y orgullo», afirmó Graça.
La FIVB delegó su programa operativo antidopaje a la ITA (Agencia Internacional de Control), que actúa mediante una gestión independiente, aumentando el número de pruebas, recogiendo muestras dentro de las competencias y, sorpresivamente, fuera de ellas, lo que garantiza la veracidad de los resultados.
El organismo rector del voleibol en el mundo aumentó la oferta educativa antidopaje a las federaciones nacionales, lo que también ha reducido las pruebas positivas en el año; debatió las mejoras en los estándares nutricionales, y mejoró las condiciones cualitativas en los torneos de sala y playa.
A principios de 2024 pondrán en acción una nueva herramienta educativa, con el objetivo de crear conciencia sobre la importancia de proteger, de cualquier tipo de acoso y abuso en el deporte, a todos los participantes en competencias.






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