«El deporte va a ser una actividad que se va a popularizar y generalizar hasta una dimensión que posiblemente ahora muchos ni se lo imaginen».
Cuando Fidel develó esa aspiración, el 21 de marzo de 1961, en su modo de convicción, Cuba, la revolucionaria, no había logrado ninguna medalla olímpica. Lo que sí existía ya era un memorando, de fecha 6 de abril de 1960, por el subsecretario de Estado de ee. uu., Lester Mallory, en el que se lee: «La mayoría de los cubanos apoyan a Castro (…) No existe una posición efectiva (…) El único medio posible para hacerle perder el apoyo interno es provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria (…) Hay que poner en práctica rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica (…) negándole a Cuba dinero y suministros con el fin de reducir los salarios, nominales y reales, con el objetivo de provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno».
Aquel embrión del bloqueo, que ya desde su gestación era genocida, hoy recrudecido, también cayó con saña sobre el movimiento deportivo nacional.
En el argot deportivo, particularmente en el boxístico, la Mayor de las Antillas ha noqueado 229 veces a la cruel política. Ese número es la cantidad de medallas, en Juegos Olímpicos, del deporte bloqueado, 79 de ellas de oro.
Fiel a la bajeza de aquel memorando, el país más poderoso ha intensificado su enfermizo odio, desde la administración Trump, mantenido por el actual gobierno, y el deporte ha sido uno de los flancos sociales de esa visceral conducta.
Cercena la participación de los cubanos en eventos internacionales, ya sea por negación de visas, o porque las federaciones nacionales no pueden pagar su membresía a los organismos internacionales, a causa del bloqueo, pues la inmensa mayoría de las cuentas de esas instituciones están en bancos estadounidenses o en agencias con acciones procedente de aquellos, dijo Raúl Fornés Valenciano, vicepresidente primero del Inder, en encuentro con la prensa, en el que aseguró que esa postura viola la Carta Olímpica, por entorpecer el funcionamiento de esas entidades.
Les impiden a los atletas acceder a premios ganados con sus cualidades y esfuerzos, y le abortan la posibilidad de contrataciones en el exterior. Explicó que, en busca de una alternativa, los obligan a abandonar delegaciones, a salir ilegalmente de su país o pedir la baja de nuestro sistema, creando una fractura familiar y con el medio que lo formó. Con ello, además, deterioran el resultado deportivo y engordan la vergonzosa estrategia de mostrar un país fallido, justamente prohibiéndole, para hacerlo fallar.
Al decir de Fornés, 147 deportistas han dejado las selecciones nacionales, entre enero de 2022 y marzo de 2023, de ellos varios campeones olímpicos, mundiales y panamericanos. En los Centroamericanos y del Caribe de julio, 38 de ellos tenían ese rango y eran seguros campeones, que, sumados a los 74 triunfos, se hubiera mantenido el segundo lugar en el medallero. «Ahora, en los Juegos Panamericanos, que comienzan el próximo día 20, ya vamos con menos 33 preseas áureas por esa causa».
Esa hostilidad llega a los niños y las niñas. Por ejemplo, el baloncesto no ha accedido a 100 000 dólares por la celebración de torneos en casa, los cuales se destinarían al desarrollo en la base para que ellos disfrutaran de esa práctica; niegan también la posibilidad de recibir implementos, como las cinco embarcaciones de canotaje que usaríamos en los Juegos de Tokio-2020, y que aún están en Polonia, pues al proveedor le está prohibido donarlas, acotó.
Cortan el intercambio científico, porque a los estadounidenses les traban la posibilidad de venir a nuestros eventos, como a los nuestros se les veta ir a los que se realizan en aquella nación, comentó.
No hemos dejado de hacer gestiones para rescatar el acuerdo con la mlb, a fin de que los peloteros cubanos no sean los únicos que tengan que dejar su país para jugar allí. No es el Inder el que negocia, es la Federación Cubana de Beisbol, una organización no gubernamental, afirmó el directivo. Los jugadores quieren probarse en la mlb, pero la inmensa mayoría quiere hacerlo y poder regresar a su casa, compartir con su familia sus experiencias y beneficios del contrato, pero esa guerra económica se lo niega.
Pero Cuba, dijo Fornés, con bloqueo o sin bloqueo, no renunciará a su desarrollo ni al objetivo supremo del movimiento deportivo cubano, que es el de garantizar la calidad de vida de la población cubana, lo cual va mucho más allá de un resultado deportivo.







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