¿Qué nos dejó la V Copa del Caribe de Beisbol, recién finalizada en Puerto Rico? Además de un diluvio que cercenó a la mitad lo que ya era un corto calendario, mandó algunas señales hacia los Juegos Panamericanos de Santiago-2023, a partir del próximo día 20.
Ningún análisis puede carecer de profundidad, pero el de la pelota muchísimo menos. El certamen en suelo boricua no supuso un medidor para la calidad de nuestros peloteros, la cual no está en duda.
La exigencia de los adversarios, al menos por lo visto y apreciado en las estadísticas, no demandó de un extra de los jugadores de la Mayor de las Antillas. Es decir, la competencia, si bien cumplió con el objetivo de evaluar en situación de juego a cada uno, le faltó la motivación que hace brotar ese esfuerzo supremo, como vimos en el pasado Clásico Mundial.
No obstante, justo por esos momentos que se dan solo en los partidos, al margen del nivel que se enfrente, pudimos ver al equipo cubano resolver circunstancias apremiantes. Por ejemplo, el jonrón de Yurisbel Gracial, que volteó el marcador y empujó dos carreras decisivas en el choque ante los anfitriones, o una reacción similar en la final, cuando Curazao vencía (1-0), en el quinto acto, y Roel Santos empató con cohete al central, para que una entrada después, Erisbel Arruebarruena pusiera en órbita sideral una pelota por encima de las cercas del jardín central, con la que remolcó las dos que sellaron la medalla de oro.
Un saldo positivo, diría que el mayor, es la presencia de estreno en la selección principal del tunero Roberto Baldoquín, no solo porque reventó la pelota en la 62 Serie Nacional y le hizo un descosido ahora en borinquen, sino por la actitud en cada juego, en cada turno al bate.
Fue por mucho el jugador del torneo. Terminó líder en anotadas de la Copa, con seis, y en slugging, con mil. Resultó el jugador de más average (545) de la escuadra cubana, con un sexteto de imparables, la mitad de ellos extrabases (dos dobles y un jonrón). Si eso no bastara, totalizó un índice de bateador integral (OPS) de 1 600, cifra galáctica, a partir de que se consideran excelentes los mil, en este aspecto.
En el apartado de las carreras impulsadas, más que sus cuatro empujadas, solo las seis de Arruebarruena, puntero de la justa en este casillero. Además, tomó tres boletos y no se ponchó.
Desde el punto de vista colectivo, la ofensiva alcanzó un 320 de lujo, aunque se concentró en seis de los 14 maderos. Esos bates compilaron para 300 o más, incluyendo a Baldoquín, en tanto Arruebarruena y Dayán García (455 ambos), Yadil Mujica (417) y Andrys Pérez (400), pasaban de las cuatro centenas, y Santos quedaba en 300.
Al margen del nivel de la lid y, a pesar de que la mayoría no llegó a promediar 300, el dato pesa, pues ese ha de ser el núcleo titular de la alineación cubana en Santiago-2023.
En el pitcheo, el 1,05 de carreras limpias por juego es significativo, como lo son también el 0,50 de WHIP y el average contrario de 121, con solo ocho jits permitidos. Pero lo es aún más, independientemente de la potencia oponente, los 21 ponches y solo dos boletos en 20 innings, pues muestra el control de los lanzadores.
La Copa del Caribe, por la tradición de la región, ha de crecer, pero no solo en el terreno. Un certamen que pretenda estabilizarse, para trascender ha de mejorar, primero que todo, su estructura comunicativa.
Si no se conoce el evento, se convierte en un fantasma y, en consecuencia, la convocatoria no alcanza a la mayoría de las naciones con tradición en el área.
Las islas bañadas por este mar juegan pelota. Podemos tener un certamen de mucha más calidad y presencia en los principales espacios beisboleros del mundo.







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