ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Tomada de Radio Angulo

Comentábamos, antes de la toma de los refuerzos que la II Liga Élite, que desde su estructura se ve superior a la versión que le dio vida, porque les devolvía la identidad a los equipos en competencia. Con las solicitudes de fortalecimiento, mantener esa virtud pasa por la capacidad de los mentores para que cada jugador ponga el objetivo colectivo por encima de todo, sea nativo de la nómina o «importado».

Hay sobrados ejemplos de peloteros que llegaron a otro cuartel y le dieron tanto vigor que lo hicieron invencible, pero también hay otros tantos que minaron a la tropa.

En el estudio de televisión estaba sentado, detrás de los jugadores de Industriales, Yosvany Peñalver, Pavel Hernández y Frank Ernesto Herrera, quienes, en la medida en que avanzaba el extrainning selectivo, reconocían los aciertos de los timoneles y elogiaban a los peloteros demandados. Pude apreciar el júbilo de ellos cuando su mentor, en la primera solicitud, tomó al pitcher pinero Jonathan Carbó.

Hago la anécdota porque varios aficionados, en menos de 24 horas, me han preguntado qué director pidió mejor. Esa evaluación no pasa por la calidad del pelotero, sino por cubrir la necesidad de los equipos. En ese sentido, hasta la octava ronda, el sexteto directivo cumplió.

Luego, el procedimiento entró en una especie de letargo, algunos mentores se tomaron largo tiempo antes de escoger a un nuevo integrante, y hasta varios repitieron nombres que estaban ya pedidos. No creo que 12 refuerzos sean muchos, a partir de una base de 20 peloteros que llevaron a esas naves al puerto Élite. Lo que se necesitaba era de un control de los ya solicitados, visible en el estudio y, por supuesto, de más rigor por parte de los colectivos de dirección para no dar la imagen de no saber a quién elegir.

Sobre la interrogante, en sentido general, primó el criterio de necesidad por encima del abolengo. Las Tunas cuenta, desde su base, con poder ofensivo, y su arma fuerte para titularse campeón nacional pasó por la lomita. Frente al reto de sostener el cetro, priorizó a los lanzadores, al ser el conjunto que más pobló el montículo con ocho nuevos brazos. Necesitaba incrementar su velocidad, y Alexquemer Sánchez y Leonel Moas lo consiguen.

Industriales fue de los que mejor se ajustó en ese sentido. Obtuvo el receptor que le hacía falta, de los mejores en la bolsa, cubrió la falencia del campo corto con el talento del cienfueguero Luis V. Mateo, redondeó con Raico Santos los jardines, y selló el cuadro con el avileño Rubén Valdés y con la fuerza de Pedro P. Revilla. Además, acogió a serpentineros de juventud y experiencia.

Santiago de Cuba tendrá que sustituir al escogido Edilse Silva, quien no está apto ahora; pero el avispero, una tropa velocísima, gana con el bate de Andrés Cruz y la seguridad de Yordan Manduley. Fue la segunda plantilla más enriquecida en la lomita.

Los Cocodrilos pusieron la novedad, incluyeron a un exgrandes ligas, como Rusney Castillo; hicieron regresar el bate de Samón, que se une al del guantanamero Luis A. Sánchez, pero creo que se quedaron cortos en el montículo. Artemisa agarró de todo, poder, velocidad en las bases y diversidad en el pitcheo, igual que hizo Sancti Spíritus.

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