Donald Trump sangra por la herida. Escribió en su red social Truth: «Buen tiro Megan, ¡EE. UU. se va al infierno!», sobre el último penalti que la jugadora falló en el partido contra Suecia, en octavos de final del Mundial femenino de fútbol, que tiene por sede a Australia y Nueva Zelanda.
Más que sentir la derrota como un seguidor de su plantel –que eliminó a las campeonas de 2019– el exmandatario quiso pasarle una cuenta a la estelar capitana del elenco, Megan Rapinoe, porque lideró en aquel año la decisión de que la selección exitosa se negara a honrar la invitación del gobernante para festejar la victoria.
Rapinoe, estelar futbolista que ahora anunció su retiro, es miembro y defensora de los derechos de la comunidad LGTBIQ+, por lo cual se ganó la crítica y el desprecio del magnate. «Tu mensaje excluye a gente que se parece a mí», respondió la deportista en aquel momento, hace cuatro años. Molesta a Trump que, mientras él expresa su odio a Megan, la futbolista ha gozado, durante su extensa carrera deportiva, de la aceptación y la popularidad entre los estadounidenses.
Trump, en el ámbito del deporte, tuvo varios encontronazos como presidente con atletas de fútbol americano, baloncesto y beisbol, que causaron grandes protestas en los estadios, unidas a las efectuadas en las calles, todas en contra del racismo y la brutalidad policial.
Esta reacción contra Megan Rapinoe es un capítulo más que muestra su irrespeto por el prójimo, a contrapelo del pueblo de su país.






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