Desde hace un tiempo, los emires, jeques y hombres del negocio del petróleo tienen obsesión con la Champions League de fútbol, ese torneo que es una especie de hipnotizador mundial. Aquellos se han vuelto esos típicos enamorados que hacen lo que sea por besar a la novia. Pero no solo a esa lid, sino al fútbol.
Una multitud de hipnotizados, por la calidad y genialidad de máquinas humanas que han transformado sus pies en varitas mágicas, asegura estadios llenos, anuncios publicitarios y otra millonada por derechos de televisión. El negocio es redondo, como la esférica que se incrusta en las redes a cualquier precio, para que el mundo grite ¡¡Goooool!!
En ese afán ¿futbolístico?, ¿deportivo?, como en el amor y en la guerra, todo vale. Cada vez son más las cifras de dinero que se invierten, solo hay que mirar al Medio Oriente, concretamente a las grandes potencias de esa región, hoy casi un santuario de «dioses» del balompié: Cristiano Ronaldo, Karim Benzema, o la relación con Lionel Messi, que hizo explotar los pasillos del club francés PSG y que terminó con la partida del mítico argentino, o la oferta al croata Luka Modric. En todos esos casos pasan de 200 millones los acuerdos, ya sea por jugar o por representación.
Claro que toda regla tiene su excepción. A las mieles del botín, Modric le dio la espalda, rechazando las dos centenas de millones para quedarse, a sus 37 años, en el Real Madrid, lo que generó la expresión de la prensa española de que el mediocampista era más madridista que la propia Cibeles, la diosa de la fuente en la capital hispana. Por supuesto, que el club más ganador de orejonas y el gran Zar del fútbol español no es una casa de las afueras, es también uno de los centros de poder más acaudalados y más efectivos en materia financiera.
El pasado día 10, en Estambul, el club inglés Manchester City levantaba, por primera vez, la Liga de Campeones. ¿Acaso podríamos decir «comprado»?. Desde 2016, cuando Josep Guardiola llegó a dirigir a esa entidad, se han invertido 1 077 millones de euros en fichajes. El Emirato de Abu Dabi, patrocinador del club, no ha escatimado en abrir la cartera para alcanzar la joya más codiciada a nivel de clubes.
Era cuestión de tiempo que alguno de los clubes-Estados más ricos del mundo, diesen frutos en sus proyectos y coronasen una Champions. Que haya sido el City es lógico, tienen a Guardiola y un proyecto mucho mejor planificado y encausado que sus adversarios. Incluso, lo raro, o ilógico, es que demorase tanto en suceder.
¿Acaso puede el dinero comprar la gloria, suerte e incluso la grandeza del fútbol? Antes no era más que una duda, disipada por el fracaso europeo de franceses y británicos en la cancha, pero ya no hay titubeos: el fútbol contemporáneo mueve millones. El talento y la grandeza, más el trabajo de los técnicos por pulir cada detalle, el sudor de los futbolistas y las emociones de los hipnotizados, quienes ven partir a sus ídolos hacia donde está el mejor postor, tienen un rival ahora mucho más enconado y más fuerte: Don Dinero.

















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