En medio de las emociones que vivimos con los partidos del Mundial de fútbol de Catar, cada día, desde las cinco de la mañana, una amiga me preguntó ¿qué le ven a eso que todos están como embelesados atrás de un balón? No hay duda de que este deporte tiene algo mágico o seductor, y también mucho de negocio: hoy mueve cantidades exorbitantes de dinero.
Al decir de Erick Blakemore, en National Geographic, «este juego fue convertido en negocio, pues los poderosos observaron que era el deporte del pueblo y las competiciones sobrepasaron lo puramente deportivo», o lo que es lo mismo, la sociedad de masas lo convirtió en un verdadero fenómeno social y de ahí derivó el instrumento de poder, que actualmente sirve a los intereses de unos pocos.
Para el sociólogo Jean-Marie Brohm, «el fútbol es una superestructura político-ideológica de capital avanzado y actúa como multinacional. Los jugadores son la materia prima de esta industria, se comercializa su imagen y el producto se vende a los aficionados. Se establece la relación producción-consumo del sistema capitalista. Un ejemplo son el Real Madrid y el Manchester United, los dos equipos más ricos y poderosos del mundo con una gran repercusión social y una imagen comercializada por todo el planeta a través de merchandising y giras deportivas».
Pero lo paradójico es la poca relación de ese modo transnacional con los orígenes del balompié. Mary Miller, profesora de Historia del arte de la Universidad de Yale, afirma que «los chinos fueron los primeros en divertirse dando patadas a pelotas y metiéndolas en redes como deporte, en el siglo iii a.c.», aunque lo que conocemos hoy, mundialmente como fútbol, se formalizó en Inglaterra en el siglo xix. En sus investigaciones, aporta un interesante elemento: el predecesor más moderno, tal y como lo jugamos actualmente, se encuentra en las Américas.
«La idea de deporte en equipo se inventó en Mesoamérica», sostiene Miller, quien argumenta que en la vasta región histórica que se extiende desde México hasta Costa Rica, las civilizaciones florecieron mucho antes de que Colón llegara y muchos de estos pueblos jugaban un deporte con una pelota pesada hecha de una sustancia derivada de la resina de los árboles.
Todavía hay vacíos sobre cómo se jugaba entonces, pero aquel espíritu al que Miller califica de compleja mentalidad de grupo, está vivo en pases, piruetas y goles, como lo vemos hoy en Catar.
Los romanos también tenían una modalidad llamada Harpastum, una especie de entrenamiento militar practicado por los reclutas y legionarios destacados en Britania, en el año 43, muy similar. En la edad media, la cultura física se centró en la figura del caballero, entre cuyos requisitos estaba ser buen esgrimista, buen jinete, buen luchador y claro ajedrecista. Es decir, sus cualidades individuales eran las que se ponderaban, dejándole a la plebe las más masivas, lo cual sitúa un antecedente importante en la fuerza que tiene ahora el Viejo Continente en los deportes colectivos, como, por ejemplo, el fútbol.
Pudiéramos encontrar ahí una de las razones de la amplia popularidad que alcanzó esa manifestación hasta nuestros días y, en consecuencia, la antesala de hallar en ella el gran filón financiero.
Tal vez el más nítido ejemplo de analogía con esa historia, viniendo de las clases más pobres de la sociedad, hasta convertirse en el mejor futbolista del mundo, sea el del que nació en Villa Fiorito, Diego Armando Maradona, quien justamente hoy cumple dos años de despedirse físicamente. El diez, o el Dios, siempre se creció en los momentos más difíciles en los que la mayoría flaquea, A pesar de ser humilde, nunca se ubicó por debajo de nadie, por eso fueron más los goles que sirvió a otros que los que ejecutó con sus pies.







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Ronal Carrero Texidor dijo:
1
24 de noviembre de 2022
14:59:04
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