SANTA CLARA.–La muerte, el pasado 8 de agosto, del lanzador villaclareño Isidro Pérez, priva al béisbol cubano de quien fuera uno de sus mejores relevistas y de los peloteros más corajudos que ha pisado un terreno en la Mayor de las Antillas.
Apagafuegos por excelencia, Isidro era el paño de lágrimas de los directores, el serpentinero al que recurrían cuando «la cosa estaba en llamas», como él solía decir, y en momentos en que hacía falta sacar tres out o dejar con la carabina al hombro al más encumbrado de los bateadores contrarios, como tantas veces hizo.
Todavía se recuerda aquella Serie Selectiva de 1983, cuando vino a relevar con las bases llenas frente a Pinar del Río y sacó los tres out al hilo, con lo cual aseguró la victoria de Las Villas; o aquella vez que repitió la hazaña contra un equipo Cuba en una Copa José Antonio Huelga.
Dueño de un excelente control y destreza para mezclar sus lanzamientos, resultó el mejor apagafuegos de la pelota cubana en varias temporadas, aunque ninguna como aquella de 1977, cuando, vistiendo el traje de Azucareros, resultó líder en victorias con ocho, igualado con Gaspar Legón y Rafael Rodríguez, año en que lanzó para un promedio de 0,90 en carreras limpias.






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