Lanzador profesional, entrenador en la base, en la provincia y preparador de pitcheo en el equipo Cuba durante 35 años, son méritos más que suficientes para ponderar a Pedro Pérez Delgado, para muchos, una de las personas que más saben de ese tema en nuestro país.
En su paso por 30 series nacionales, 14 Selectivas, cinco Juegos Olímpicos, un Clásico Mundial, 13 campeonatos mundiales, nueve Copas Intercontinentales, siete Panamericanos y seis Centroamericanos, Pedrito, como lo conocen, lo ganó todo.
Sus consejos eran tenidos en cuenta por lanzadores y directores, quienes no dudaban en aplicar sus indicaciones, porque si lo decía Pedrito Pérez, era correcto. Granma fue a su encuentro en el estadio Augusto César Sandino, donde se le puede ver apoyando a los pitchers del elenco de Villa Clara y a los entrenadores.
–¿Cómo es eso de que lanzó en la pelota profesional?
–A Conrado Marrero, que era scout del Boston, y al caibarienense Daniel Parra, les debo haber firmado para esa pelota, donde milité en las organizaciones de los Bravos de Milwaukee y los Medias Rojas de Boston, en las que gané 32 juegos y perdí 30. Tuve, asimismo, contrato con el Almendares de la Liga Profesional Cubana. Fue bien difícil llegar hasta allí, porque había mucha calidad y los equipos tenían 16 peloteros, de los cuales solo cinco eran lanzadores, lo que te obligaba a trabajar con tres días de descanso y a ser abridor y relevista.
-¿Y por qué regresa a Cuba?
-Cuando triunfa la Revolución, en 1959, yo estaba en Estados Unidos. Entonces había un puente muy estrecho de comunicación entre Miami y La Habana, pero eso duró muy poco. Ya en 1960, me dijeron, o te quedas aquí definitivamente o te vas para Cuba. Yo decidí regresar, porque allí había mucho racismo con los inmigrantes. Por cualquier razón te maltrataban, y más en Georgia, donde estaba el centro de entrenamiento, que era la mata de esa política discriminatoria en ee. uu. Regresé a mi natal Caibarién y me dijeron: «no hay problema, aquí tienes trabajo».
–¿Cómo es que llega a las series nacionales?
–Trabajé mucho en la base y con muy buenos resultados, lo que tuvo en cuenta Pedro «Natilla» Jiménez para incorporarme al cuerpo de dirección de los planteles de la antigua provincia de Las Villas, donde conocí a un director
extraordinario como Servio Borges, lo que también me abrió las puertas al equipo Cuba.
–¿Qué le aportó estar tanto tiempo en la selección nacional?
–Tuve la posibilidad de desarrollarme como entrenador en el roce con lo mejor del béisbol mundial. Estar a ese nivel me obligó a estudiar mucho de manera autodidacta. Recuerdo que en los viajes lo que más yo compraba eran buenos libros de béisbol, y así fui creciendo como preparador.
–Trabajó con siete directores. ¿Con quién se sintió mejor?
–Para mí, José Miguel Pineda era un fuera de serie, porque reunía conocimientos y don de mando. Allí nadie fuera del equipo podía disponer lo que debía hacerse y eso me gustaba.
–De los lanzadores que dirigió, ¿a quién considera el mejor?
–Todos fueron muy buenos. Santiago «Changa» Mederos, José Antonio Huelga, Jorge Luis Valdés, José Ariel Contreras, Pedro Luis Lazo y otros, pero Braudilio Vinent era el más confiable a la hora de tirar el juego bueno, el que había que ganar. A lo mejor no tenía las mejores condiciones, pero sí era el más corajudo.
-¿Y el más inteligente?
–José Antonio Huelga. No contaba con un físico que impresionara, pero pensaba y dibujaba cada lanzamiento.
–¿Cuál es la diferencia entre aquellos monticulistas y los actuales?
–Aquellos analizaban más y poseían muchos recursos. Ahora se piensa menos y creo que los entrenadores priorizan la preparación física por encima de la sicológica. Ambas deben ir a la par.
–¿Cómo valora a los directores que dirigen el pitcheo desde el banco?
–Es un error, no dejan que los lanzadores piensen y se desarrollen. Yo dirigí el pitcheo en algunos juegos decisivos, a partir de un estudio riguroso del contrario, pero eso no puede ser todos los días. He visto directores que, sin estadística alguna en la mano, indican cada lanzamiento, lo cual no es bueno para el pitcher ni el receptor.
–De los lanzadores actuales, ¿cuáles le impresionan más?
–Hay muy buenos prospectos, pero deben desarrollarse. No hay muchos entrenadores buenos en la base, y los que existen están algo desmotivados, lo cual constituye un problema a resolver.
–¿Qué hace ahora a sus 84 años?
–No puedo apartarme de la pelota. Ella es mi vida. Por eso cada mañana vengo al Sandino para apoyar a Roberto Pupo y al resto de los entrenadores que laboran en la preparación de los pitchers del Villa Clara. Si mis días terminaran en un terreno, estaría feliz.






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teo dijo:
1
11 de julio de 2020
10:42:29
ORLANDO dijo:
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11 de julio de 2020
13:33:32
Francisco dijo:
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11 de julio de 2020
14:40:41
karlos dijo:
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11 de julio de 2020
21:32:58
Raimundo dijo:
5
12 de julio de 2020
11:41:44
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