ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Silvino García (izquierda) fue un activo participante desde las primeras ediciones del Capablanca. Foto: Ernesto Calderín

A punto estamos de bajar las cortinas de la 53 edición del Memorial Capablanca, torneo ajedrecístico que desde 1962 cautiva a muchos espectadores del juego ciencia, atraídos por la estrategia y la oportunidad de intercambiar conocimientos mientras observan los movimientos de los Grandes Maestros.
Más allá de cualquier resultado competitivo, el evento se ha convertido en un marco para el análisis y el desarrollo de la mente. Así lo considera Silvino García, uno de los pioneros del ajedrez en nuestro país después del triunfo de la Revolución, quien, justamente, es fundador del Capablanca, pues trabajó como muralista en los primeros años de la lid y debutó como jugador en 1964.

–Usted ha estado vinculado al ajedrez cubano desde los primeros momentos de la Revolución y ha vivido la historia del Capablanca. Luego de 53 ediciones, ¿cuál es su valoración sobre el torneo?

–Lo más impresionante es la continuidad, el tiempo que ha logrado mantenerse como un torneo relevante, lo cual ha contribuido al desarrollo del ajedrez, no solo en Cuba, sino también en América Latina. Muchos jugadores se han graduado de Grandes Maestros acá, y el Capablanca ha sido un punto de reunión y fogueo para muchos de esos latinoamericanos».

– ¿Cuánto ha cambiado el Capablanca desde aquellas ediciones hasta la actualidad?

–El torneo ha cambiado de perfil. En un momento tuvimos en La Habana a los mejores ajedrecistas del mundo, desde los grandes campeones soviéticos hasta Bobby Fischer, una institución que prestigió el evento con mucha dedicación y seriedad.

«Gracias al trabajo abnegado de José Luis Vilela, quien gestionó la participación de muchas de esas estrellas, se conformó un grupo élite espectacular, lo cual permitió el desarrollo y el perfeccionamiento de nuestros ajedrecistas, quienes a partir de esa confrontación comenzaron a aspirar a resultados relevantes en el escenario mundial.

–En la actualidad, se nos hace muy complicado atraer a los líderes del deporte, básicamente porque no ofrecemos un premio metálico sustancioso, como sucede en casi todos los grandes eventos».

–Si el escenario cualitativamente es, en apariencia, inferior, ¿cómo lograr que siga siendo un evento atractivo de notable concurrencia?.

En sentido general, los cubanos que se presentan en la actualidad tienen bajas puntuaciones según el ranking Elo, pero, en cambio, su nivel competitivo es altísimo. Muchos de los extranjeros que nos visitan han destacado esa calidad, superior a la de una gran cantidad de eventos internacionales.

«Al concentrarse todos esos cubanos en un grupo abierto crece el interés de los atletas foráneos, quienes ven en el torneo una oportunidad ideal para dar un salto cualitativo. Puede parecer pretencioso, pero debemos tener en cuenta que el nivel de Cuba está demostrado con el hecho de que somos de los primeros del mundo en Grandes Maestros per cápita.

«Además, no podemos negar que el nombre de Capablanca, por sí solo, ha ayudado a la promoción del evento, porque muchos jugadores se sienten honrados de participar en un torneo que pondera su imagen».

– ¿Cuáles son las mejores experiencias vividas en el marco del torneo?

–Son muchos los recuerdos, pero me quedo con la oportunidad de intercambiar con estelares de la talla de Mijail Tal, Boris Spassky o Bobby Fisher. Eso no tiene comparación.

«Sobre Fischer quisiera hacer un aparte, porque comúnmente lo asociamos a una persona majadera y poco cortés, pero en Cuba no dejó jamás esa impresión. Aquí se vio como un hombre humilde, muy cercano a la gente, respetuoso, con deseos de enseñar e intercambiar con los más jóvenes. Realmente es un orgullo que haya venido a apoyar el deporte revolucionario».

– Hasta qué punto podemos visualizar al Capablanca como expresión de masividad.

–Sin dudas, la participación de tantos muchachos con gran talento y conocimiento es fruto de la masividad, pero llegar hasta este punto ha costado mucho. En primer lugar, debemos destacar el papel de la Revolución para fomentar el desarrollo del deporte, para ponderarlo como instrumento educativo.

«Aquí se han impartido más de mil clases en Universidad para Todos, una fuente de conocimiento innegable, y también se ha llevado el ajedrez a las escuelas, de manera que los niños puedan aprender desde edades tempranas. Esa masificación ha permitido el descubrimiento de talentos y le ha dado la oportunidad a la gente de contar con una opción más de esparcimiento sano.

«El Memorial Capablanca es la muestra más fiel de todo lo anterior, y creo que es un excelente escenario para rendir tributo al Che, promotor del torneo, y a Fidel, quien dio un gran impulso al ajedrez con aquella simultánea gigante en el 2002. Además, con el evento mantenemos vivo el espíritu del mismo Capablanca».

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.

Ariel Torres dijo:

1

18 de mayo de 2018

09:24:44


Y los Torneos Capablanca deben mantenerse! Como dice chessbase.com es una lid que es obligatorio seguimiento. Orgullo del ajedrez nacional. Asimismo las invaluables clases de ajedrez en Universidad para todos. Eso dará un enorme fruto ajedrecistico y social. No hay nada comparable en el mundo.

GNU dijo:

2

18 de mayo de 2018

09:52:29


Bobby Fischer era el mejor, los destrozba todos en 20 y tantas jugadas, su inteligencia aplicada al ajedrez era superior a todos los demás. Verdad que cuando envejeciera no podría ser el mismo, esto se manifiesta seguro igual en todos los deportes, pero en su momento los machacaba a todossss!!

Jorge Artiles dijo:

3

6 de enero de 2020

14:32:41


Al pueblo nos gustaría ver imágenes grabadas por el ICRT de los Capablanca inmemorian de las particiones de los mejores y ganadores de los torneos, he visto a Capablanca en YouTube en una película rusa donde el hace de galán