
«Guardo gratos recuerdos de Flora Hyman. Rivalizamos en el voleibol de los Panamericanos en Caracas 1983 y en otros eventos; fue un lindo ser humano, con un carácter afable, una gran deportista».
Hablando con Mireya Luis sobre la muerte súbita en atletas jóvenes, caracterizó a la estrella californiana nacida el 31 de julio de 1954, y recordaba que la muerte de Flo, el 24 de enero de 1986, resultó doblemente triste, porque la subcampeona olímpica de Los Ángeles 1984 padecía del síndrome de Marfan, que no le diagnosticaron.
El síndrome de Marfan es un trastorno hereditario que afecta al tejido conjuntivo, es decir, las fibras que sostienen y sujetan los órganos y otras estructuras del cuerpo. Ataca frecuentemente el corazón, los ojos, los vasos sanguíneos y el esqueleto. Las personas que lo padecen en general son altas y delgadas, y tienen brazos, piernas y dedos de pies y manos desproporcionadamente largos.
A sus 31 años de edad, Flora Hyman abandonó su retiro para jugar al voleibol en Japón, pero, sin poseer la debida preparación, en uno de los partidos sufrió una sobrecarga física que cercenó su vida. Precisamente, después del fallecimiento de la conocida jugadora, Mireya integró el mismo equipo en la ciudad nipona de Kobe, donde, según relata, «Flo llevaba el número 7, y cuando llegué allí, el entrenador me entregó llorando su camiseta, pidiéndome que la honrara. Yo decidí ponerme el 77 en la espalda y considero haber hecho mi mejor esfuerzo».
Quizá la conocida deportista estadounidense cumplió un programa de desentrenamiento para incorporarse a la vida normal (instaurado en Cuba por el Instituto de Medicina Deportiva para quienes deciden retirarse), de igual manera era imprescindible que hubiera vencido una cuidadosa preparación antes de retornar a la acción.
La frecuencia de estos episodios varía dependiendo de la edad del deportista y de la población a la que pertenece. De gran impacto social y sicológico, la prevalencia de estos fallecimientos la corrobora en un estudio el cardiólogo Jesús Orta Miranda, máster en Control Médico del Entrenamiento Deportivo y en Urgencias Médicas, unido al doctor Ramsés Raymond, jefe del Departamento de Control Médico del Instituto de Medicina Deportiva, al frente de la atención a la preselección nacional femenina cubana de voleibol desde hace cuatro años.

UNA MULTITUD EN DESPEDIDA DE ASTORI
A principios de este mes, la prensa internacional recogió en sus páginas el deceso en Italia del capitán del elenco Fiorentina, Davide Astori (31 años), por causas naturales, como lo informaron los médicos una vez practicada la autopsia.
Los galenos aseguraron que el evento aconteció mientras Astori dormía solo en su habitación, durante la concentración de la Fiorentina en Udine. «Fue una muerte súbita. Su corazón disminuyó el ritmo de los latidos hasta frenarse», indicó el informe forense dado a la publicidad.
Una multitud acompañó a Astori en sus funerales y, como otras muertes acaecidas en el fútbol (uno de los más practicados en el planeta), podría pensarse que esta disciplina, por demás inspiradora de millones de aficionados en el universo, propicia estos infortunios. Para refutar lo anterior, varios especialistas del mundo del deporte, entre ellos los dos cubanos antes mencionados, consideran que no hay disciplinas más peligrosas que otras en lo que respecta a la muerte súbita. El riesgo no lo determina el tipo de deporte, sino la intensidad a la que este se realice, si existe una enfermedad subyacente.
Aseveran los doctores Orta y Raymond que, en ocasiones, la primera manifestación de la enfermedad es precisamente la muerte súbita.
Varias disciplinas como el ciclismo han presentado casos de muerte súbita, alarma que surgió cuando en 1965 el británico Tom Simpson falleció de manera fulminante mientras escalaba una montaña en el Tour de Francia. Después de la tragedia se comprobó que el pedalista sufrió un ataque al corazón como consecuencia de las sustancias dopantes que había consumido.
Otras causas de muertes cardiacas en atletas jóvenes las encontramos a partir de traumas contundentes que dañan estructuras del corazón, por ejemplo, un golpe en el pecho; incluso, una insolación también puede conducir a un desenlace fatal. Igualmente en el ámbito del fútbol americano, muy difundido y apoyado por la afición estadounidense, existe desde hace años la preocupación en torno a que, debido a la fortaleza de las acciones y los encontronazos en la cancha, los daños cerebrales y de otra índole ocurren con frecuencia.

ES MEJOR PREVER
En el tema de la muerte súbita resulta interesante el punto de vista planteado por el doctor argentino Néstor Alberto Lentini, quien corrobora la validez de practicarles electrocardiogramas a los deportistas, en tanto advirtió que «después de los 35 años, las alteraciones de tipo arteroescleróticas comienzan a predominar». A renglón seguido Lentini certifica que «lo único que podemos aseverar es que en el momento del estudio la persona evaluada no presenta ninguna alteración cardiovascular, pero lamentablemente no podemos decir qué puede suceder diez minutos después».
En pocos países se establece la obligatoriedad de efectuarles electrocardiogramas a los deportistas de alto rendimiento para luego competir. En una parte de Europa y en Estados Unidos se confecciona un historial con los antecedentes familiares, acompañado de un examen físico. En algunas naciones, atenidas a los altos costos, no se contemplan estudios como la Ecocardiografía en la atención a los competidores de alto rendimiento.
En Cuba, apuntan nuestros especialistas, en la alta competición es indispensable, como parte del control médico del entrenamiento deportivo, la realización de exámenes clínicos durante las sesiones de preparación para monitorear las variables cardiovasculares. También se llevan a cabo al menos dos estudios electrocardiográficos en reposo y ecocardiográficos durante un macrociclo de preparación, al mismo tiempo que otras ciencias aportan datos de interés que viabilizan un posible diagnóstico como el del síndrome de Marfan.
Para completar esos objetivos en la labor por tal de preservar la salud de nuestros deportistas, en diversas oportunidades el Instituto de Medicina Deportiva de Cuba ha requerido del apoyo de otros centros, como el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, el Hospital Docente William Soler y el Hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras.
La muerte súbita de un joven siempre será un acontecimiento nefasto, que impacta en el ámbito social y familiar, máxime si el evento ocurre en medio de una actividad deportiva. Ejercer las mejores prácticas para prevenirla no es un tema agotado entre los especialistas, pues suscita un gran debate acerca de cuáles han de resultar las pruebas médicas a las que ha de someterse un deportista antes de salir al terreno.






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Jesus S dijo:
1
23 de marzo de 2018
13:40:32
Ilena2060@yahoo.es dijo:
2
24 de marzo de 2018
01:34:55
Carlos Tasset Zorzano dijo:
3
28 de marzo de 2018
12:07:07
Mario dijo:
4
26 de abril de 2018
10:09:09
George Romte dijo:
5
18 de diciembre de 2020
16:29:35
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