ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Bélgica es magia. Desde el portero hasta los atacantes. Una escuadra maravillosa, repleta de individualidades, que si logran afinar los instrumentos y funcionar como un verdadero equipo puede dar la clarinada en la Eurocopa y en cuanto torneo disputen en el próximo lustro.

Así lo demostraron en el partido de octavos de final contra Hungría, en la lid continental de Francia, donde pusieron a gozar a sus seguidores en Toulouse, y mandaron un claro mensaje a todos los favoritos: Bélgica es pura potencia.

Desde el mismo arranque impresionaron, mucho más rápidos en las transiciones que en anteriores salidas, lúcidos en los pases, tirando regates en cada parcela del campo, y corriendo a una velocidad superior los cerebros y artilleros del plantel. Hazard, De Bruyne, Lukaku, la sinfonía desatada y todos los húngaros recostados en los guantes de Gábor Kiràly, quien a sus 40 años conserva reflejos y agilidad.

Sin embargo, solo con es no basta frente a los belgas, precisos y ambiciosos, dos detalles que hasta el momento no habían mostrado. Particularmente De Bruyne, estrella del Manchester City, se vio más involucrado, decidido a cumplir las expectativas y silenciar a quienes se han cebado con sus partidos en la Euro.

Corrió, dribló, provocó faltas en zonas de peligro, centró y asistió a Alderweireld, para que el central abriera la lata con un cabezazo estruendoso y solitario, sin rastros de ningún húngaro en varios metros a la redonda.

Con solo nueve minutos jugados parecía que el festival sería inminente y espectacular, pero en realidad había que tener paciencia para cantar goles. Así son los genios, dan vueltas y vueltas con ideas fabulosas, en ocasiones se pierden por el camino, hasta que finalmente descubren la clave de todo y nos dejan con la boca abierta.

Así anduvo Hazard, quien firmó un partido de leyenda, borrando el sambenito de una temporada espantosa en el Chelsea, donde solo repartió tres asistencias en la contienda, justo las mismas que ya acumula en la Euro. Suyo fue el recital de galopadas, remates y filigranas, válido para asistir a Batshuayi, recambio de Lukaku en el último cuarto de hora, y marcar su propia diana, de exquisita factura.

Todo eso pasó en un minuto, en el cual ya la calma fue completa, porque antes el muro Thibaut Courtois se había encargado de tranquilizar a sus parciales con manos de hierro frente a cada remate húngaro. Para el final, el portentoso Yannick Carrasco, sacó un misil con su pierna izquierda para recordarle al técnico Marc Wilmots que representa una opción dorada rumbo al gol.

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