ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Los grizzlies son osos pardos, inmensos, carnívoros, insaciables. Viven en Norteamérica mayormente, pero al parecer uno ha escapado a Europa presto a invadir las canchas de fútbol, y devorar cuanto oponente se le ocurra desafiar su poderío.

Le llaman Antoine, y no es tan grande, pero su hambre de victoria intimida. En ocasiones puede cargar él solo con todo el peso del trabajo propuesto, así sea borrar del mapa la descendencia de toda una nación en pos de rescatar a otra metida en aprietos.

Así es Griezmann, el Grizzly de la Euro, el ariete más letal de Francia (a falta de Benzema), el salvador del país galo, que sintió la frialdad del miedo y el calor del infierno en la punta de sus narices, cuando Irlanda la tiró contra las cuerdas en octavos de final, instancia de todo o nada, sin segundas oportunidades.

Todavía muchos no se habían acomodado en sus asientos, ni terminado de pintarse los rostros, cuando el árbitro Nicola Rizzoli decretó un penal favorable a los irlandeses, suficiente para que se instalara la frustración en las gradas de Lyon.

Paul Pogba aparece como un genio si alguien frota la lámpara, de lo contrario es un demonio al que su condición física lo inclina a la torpeza. Su inmensa figura (1.91 metros) arrolló cual tren al liviano Shane Long, y al minuto 2 los irlandeses cantaban el gol anotado por Robert Brady, implacable con su pierna izquierda.      

Ya con todas las dudas posibles acechando a Francia como una plaga, el partido siguió su curso por donde determinó Irlanda, que no controló el balón ni creó excesivo peligro, pero abusó de su ventaja para controlar y jugar con los nervios de los anfitriones, presionado por dar vuelta a semejante tragedia.

Pasaron y pasaron los minutos hasta que el técnico galo, Didier Deschamps, mucho más temeroso que en sus tiempos de jugador, decidió que la ubicación de sus centrocampistas era un completo despropósito, sin profundidad por las bandas ni dominio en la medular. Por eso dio entrada al correoso Kingsley Coman, un puñal por la derecha, y liberó a Payet y Griezmann como directores de banda y artilleros de puntería.

La fórmula rindió sus frutos, porque en tres minutos, el Grizzly francés desató su furia y puso patas arriba el choque, primero con un cabezazo entre gigantes, y luego con un fino remate que despidió su zurda de oro. 2-1 y fiesta en Lyon.

Con aire a favor los galos pegaron un golpe tras otro a los irlandeses, que soportaron sin que sus redes volvieran a moverse, aunque jamás se acercaron al hipotético empate, muertos con un jugador menos tras la expulsión por roja directa de Shane Duffy, desesperado por frenar al Grizzly, listo para darse el tercer bocado en la puerta de Randolph.

Antoine, quien lleva meses junto al siempre ambicioso y competitivo Diego Simeone en el Atlético de Madrid, irá a descansar, a recuperar las fuerzas y afilar sus colmillos, muy probablemente no haya terminado su festín.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.