Cinco años atrás, en la llamada “Serie de Oro” por cumplirse medio siglo de la instauración de nuestro campeonato nacional de béisbol, las provincias de Ciego de Ávila y Pinar del Río se enfrascaron en una lucha sin cuartel por el título de campeón.
Ahora, en la 55 Serie, son los mismos protagonistas, los Tigres avíleños y los Vegueros pinareños, ambos vencedores en sus respectivas semifinales, los primeros barriendo a la representación de la capital, Industriales, en cuatro partidos y los vueltabajeros en un enfrentamiento dramático ante los Cocodrilos de Matanzas, extendido a siete juegos.

Si de estadísticas se trata, no hay duda de que Ciego de Ávila es el equipo más sobresaliente. Su ofensiva le bateó 340 al pitcheo de los Azules capitalinos —liderada por el campo corto Yorbis Borroto, con 471 de promedio, dos jonrones y seis impulsadas—, mientras que su pitcheo amarró corto a sus rivales, de forma tal que les propinó una lechada, única de los play off, con 2,31 de promedio de carreras limpias.
No resultó igual en la otra semifinal, pues Pinar del Río llegó a tener el cotejo 2-3 en su contra con dos partidos por efectuar en el estadio Victoria de Girón, el cuartel general de sus adversarios. Pero los Vegueros siempre han sido un equipo grande y lo demostraron el sábado 2 de abril al vencer 9 carreras por 7 aguantando a pie firme una peligrosa remontada matancera en el noveno y al día siguiente se salieron con la suya con un triunfo 3-2, gracias a un cuadrangular del receptor Yosvani Alarcón en el noveno episodio. Por segunda ocasión consecutiva Matanzas cae en una semifinal ante su afición.
DIFÍCIL PRONOSTICAR
El béisbol es un deporte muy complicado, donde los pronósticos se desvanecen de un día para otro. Aventurar el nombre de un posible ganador en esta final resulta harto arriesgado. Mejor vayamos al análisis, breve y objetivo, de lo que tiene cada uno.
Ciego de Ávila conectó 49 jits y anotó 30 en cuatro juegos frente a un pitcheo con muchas lagunas como el de los Industriales, mientras Pinar pegó 45 jits con 69 anotadas a costa de un cuerpo de serpentineros (lanzadores) de calidad como el de los matanceros, a los cuales les disparó diez cuadrangulares. En la segunda etapa de la justa Ciego fue el segundo equipo más bateador, pero para la final los pinareños escogieron como refuerzo a un bateador como Yosvani Alarcón y su alineación ahora tiene más poder.
El cuerpo de lanzadores de los pinareños es, a juicio de muchos, el más completo del béisbol cubano, con cuatro abridores de puntería —Yosvani Torres, Vladimir Baños, Erlis Casanova y Yaifredo Domínguez—, y el mejor cerrador, el zurdo Liván Moinelo, reforzados para los play off con otro tirador zurdo, Wilber Pérez.
No se queda muy detrás el de los avileños, con un hombre del equipo Cuba como Vladimir García, además de Dachel Duquesne, autor de siete ceros frente a los Industriales, y un veloz cerrador como Yennier Cano, quien también tiene experiencia internacional. Si se les suma dos refuerzos del calibre de Lázaro Blanco y el veterano Alberto Bicet, los actuales campeones nacionales —derrotaron a la Isla de la Juventud en siete apasionantes partidos el pasado año—, tienen también tiradores capaces. Solo en la defensa hay apreciable diferencia, con Ciego como único con promedio por encima de los 980. Una final que promete ser muy reñida y prolongarse a seis o siete juegos.













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