ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Yeilén Delgado Calvo

Empieza el año con un torrente de buenos propósitos, que suelen quedar solo en eso, en las intenciones. Es humano, la renovación del calendario nos motiva a pensar que podemos empezar de cero y esta vez sí, sí bajar de peso, dejar de procrastinar, empezar un proyecto, hacer las cosas mejor, enderezar rumbos, cambiar…

Como la rutina es demoledora, nos cae encima la costumbre, el cansancio, la falta de energía, la necesidad de ganarse la vida, y hasta los reels y su promesa cumplida de entretenimiento seguro y poco exigente, enajenador. Entonces el año nuevo envejece y se escurre como si no hubiese pasado nada.

No siempre es así, quizá muchas victorias pasan inadvertidas porque no son grandes ni glamurosas, aunque nos acerquen a los objetivos de nuestras vidas; y también hay quien reúne voluntad y motivación para dar grandes giros. En cualquier caso, la vida es lucha, y quizá la cuestión sea dar un paso a la vez, siempre sin detenerse.

Si hay una meta que no debiera faltarnos, y que necesitamos honrar cada jornada como corresponde es la de aprender algo nuevo. No es imprescindible solo para niñas y niños, como sabiamente recordaba Martí; también para los adultos, que vivimos en la época de la dispersión, con pocas conexiones emocionales, y escasa concentración.

Cada cual en lo que le apasione, pero todo conocimiento que se adquiere nos ensancha el mundo. Aun fuera de los predios de la escuela, e independientemente de la ocupación, el ser humano puede y necesita siempre ampliar sus capacidades.

¡Qué placer saber lo que antes se ignoraba y usar ese poder que viene de dominar un concepto o una habilidad! Querer aprender nos proporciona un lugar al que llegar, y evita –por ejemplo– sumergirnos en contenido intrascendente de internet, porque sabemos qué buscar. La información está ahí, lo imprescindible es discriminar.

Quien se detiene en lo sabido, existe, pero no vive. Quien aprende continuamente se renueva y crece, para los demás y para sí. Una mente inmóvil difícilmente pueda encontrar su felicidad.

Leer, observar, pensar, subrayar, escribir, practicar, intentar…«La mente es como la rueda de los carros, y como la palabra: se enciende con el ejercicio, y corre más ligera», escribía Martí. Aprender es iluminarnos.

Ya sea con Duolingo, videos de Youtube, en un curso, mediante libros, cualquier camino es válido si entendemos que aprender es también un disfrute, y que mientras más conocemos del mundo más podemos saber de nosotros mismos.

Aunque olvidemos el idioma una vez practicado, aunque la panetela nos salga desinflada, aunque apenas podamos esbozar la teoría estudiada, parte de todo eso se integra a nuestra esencia y a la forma propia de ver la realidad y actuar ante ella.

Como una amiga querida, suscribo una idea muchas veces parafraseada: «cultura es lo que queda después de haber olvidado lo que se aprendió». Que este sea un año de aprendizaje consciente y de olvido fecundo, como antídoto contra la mediocridad y el conformismo.

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