
Reformamos la cocina. Unas cosas se fueron a la basura, otras se regalaron. Casi todo cambió de lugar. Modernizamos. Pero el reloj sobrevivió, dando eternamente las nueve.
Quizá porque es hermoso, quizá porque ya es lo suficientemente antiguo como para tener cierto estilo vintage, el reloj ocupa un lugar distinguido dentro del caos consustancial a un espacio destinado para alimentar a la familia varias veces al día.
Lo viejo tiene su atractivo y se nutre de la nostalgia. No se trata de ansiar un pasado que ya no es, sino de cierta veneración por los objetos con historia, aquellos que han sido usados, amados, que tienen en sí las huellas de las vidas de que han sido parte.
Lo que tienen las cosas así es que nos hablan del tiempo, y a través de ellas podemos observarlo en su relatividad y su eterno fluir, como si de cronoscopios se tratasen.
A fin de cuentas vivir es eso, aceptar el tiempo y no temerle a las grietas que deja, y que nos permiten decir, sin equívocos posibles: hemos existido.










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Yurima Alonso Victores dijo:
1
22 de agosto de 2023
20:03:10
René Brito Miranda dijo:
2
23 de agosto de 2023
11:52:53
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