Un cuento de solo 13 páginas, del japonés Haruki Murakami, es la fuente de inspiración de En llamas (2018), filme de Lee Chan Dong que viene a reafirmar que los galardones internacionales de Parásitos (Bong Joon-ho, 2019) forman parte de una corriente de cine sudcoreano de primer nivel mundial.
El multipremiado Lee Chan Dong reubica el cuento de Murakami en Seúl y le impregna ese toque de contenido humano y social que ya viene siendo una marca de la cinematografía de su país. Desigualdades sociales y otras sombras acompañantes del sistema capitalista, que en lo absoluto se inscriben en el tradicional «cine de denuncia», necesario, pero que a ratos se ha tornado esquemático e incapaz de encontrar las mejores vías artísticas para hacerse efectivo.
Llama la atención cómo una buena parte de los cineastas sudcoreanos arman sus historias de contenido policiaco recurriendo a trasfondos de comentarios sociales y políticos que, no obstante referirse al país natal, adquieren connotaciones universales. Al preguntársele acerca de esa mirada de crítica destilada desde los tonos más diversos, un sonriente Bong Joon-ho declaró el pasado año: «Es que, esencialmente, todos vivimos el mismo país llamado capitalismo».
En llamas –que podrá verse próximamente en nuestra televisión– nos cuenta de un joven solitario proveniente del campo y en busca de trabajo. A la par, una muchacha, tan espiritual como aventurera, y un hombre de inquietante personalidad y mucho dinero, que no escatimará para transformarla a su gusto. El pudiente será la tercera línea de un triángulo amoroso signado por un suspenso detonador de los influjos del maestro Alfred Hitchcock, en especial su película Vértigo, con aquella mujer que desaparecía…
Iniciado como drama amoroso en un entorno social de carencias materiales, En llamas se convertirá en un thriller sicológico de intriga criminal y constantes despistes, demostrativos de la imaginación del director. Misterios, claves y múltiples significaciones en un filme construido sin prisa a lo largo de más de dos horas de metraje, y que hace del realismo y ciertas «extrañezas» una dimensión perturbadora.
En cierto momento, ese joven protagonista, que quiere ser escritor, comparará a su contrincante amoroso con el Gran Gastby, el adinerado personaje de la novela de Scott Fitzgerald, y dirá que en su país abundan los Gastby, un cotejo entre ricos y pobres que, expresado de esa manera, pudiera parecer «trama reiterada», pero habría que ver En llamas para comprobar de qué manera las viejas injusticias sociales adquieren un aire renovador, gracias a esta poesía lírica y visual que (sin dejar de ser sangrienta) construye el maestro Lee Chan Dong.









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