
El joven Kôji Fukada es uno de los directores japoneses de mayor prestigio en la actualidad y le han bastado cinco filmes para dejarlo establecido. El último de ellos, Armonía (2016), mereció el premio de la sección Una cierta mirada, del festival de Cannes, y podrá verse durante la programación de verano de la televisión.
Armonía es un thriller armado con parsimonia a partir del concepto de que el suspenso es una hábil suministración de pistas y de un misterio mayor que solo cobrará vida plena hacia los finales, aunque en el caso que nos ocupa no de una manera rotunda. Una historia sobrecogedora, y a ratos oscura, vinculada a las relaciones familiares y que permite apreciar la impronta del mejor Eric Rohmer, uno de los maestros de la Nueva Ola francesa, cuya influencia Fukada no niega, al contrario, la exalta.
A los ocho minutos del metraje, luego de dejar ver que las relaciones matrimoniales entre Toshio y la bella Akie no son nada envidiables y están marcadas más bien por la monotonía y el cuidado de una hija, se siembra la semilla de la discordia: ella llega a la casa-taller del marido y se encuentra a un desconocido trabajando. ¿Quién es?, quiere saber y se entera de que se trata de un viejo amigo de su esposo, que no solo se quedará a laborar con él, sino también que vivirá con ellos, comerá con ellos, e incluso terminará ayudando a la niña en sus clases de música con el armonio.
Será el inicio de un tortuoso laberinto marcado por factores previsibles expuestos no por impericia narrativa, porque lo que busca Fukada es que el espectador se imagine lo evidente para luego demostrarle que aproximarse a la verdad no será la verdad. Derivaciones insospechadas a partir de «lo aparente» que se estructuran en dos partes bien definidas, luego de un incidente que tendrá lugar a mitad de la historia y que marcará un salto en el tiempo.
Como cabe imaginar, el pasado será un factor inquietante, tanto para los personajes como para el espectador, que también se mantendrá ajeno a las causas de que el envarado y no poco seductor desconocido sea aceptado sin más en el núcleo familiar. ¿Quién es? ¿Qué ha venido a buscar?, serán algunas de las interrogantes que no nos faltarán.
Thriller sicológico y hasta brutal con destellos oníricos hacia los finales y una sensación de culpa perfectamente asumida por unos actores que hacen de sus cambiantes emociones un plato fuerte de esta entrega de Kôji Fukada, director que clasifica entre lo mejor de su generación y que dejará con deseos de conocer todo lo anteriormente realizado por él.









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gretter dijo:
1
25 de junio de 2018
07:55:03
Janet dijo:
2
25 de junio de 2018
15:24:21
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