ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Fidel en una de sus visitas a Vietnam, en la imagen aparece la traductora María Llorens (Mayrita). Foto: Juvenal Balán

De memorable podría calificarse lo que sucedió, en la mañana de este jueves, en el encuentro de traductores de la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana, cuando el foro dedicó sus intervenciones a la relación de Fidel con estos imprescindibles profesionales de la comunicación.

Fue para ellos como volverlo a tener delante, dada la fuerza de sus revelaciones, algunas jamás compartidas en público; y para nosotros, conocer toda una nueva estampa del Comandante en Jefe, justo el día en que cumpliría cien años. 

Muchas fueron las emociones, marcadas por rostros nostálgicos, risas explosivas y hasta humedades de esas que inundan los ojos cuando las palabras disparan los sentimientos. Ana Elena de Arazoza, coordinadora del encuentro, fue la primera, y entre otras acotaciones, contó que solo en una ocasión tuvo que traducir a Fidel y fue, sin embargo, una experiencia positiva, aunque algo traumática por los temores propios de la juventud y lo espontáneo de la situación.

Isora Acosta, traductora de francés, recordó la primera vez que lo vio, mientras ella participaba en un taller de temas internacionales en la Ñico López, y llegó Fidel a aquel teatro y cambió todo el seminario, tocando asuntos nacionales. Años después, se convirtió en una de las traductoras de su equipo. «Cuando uno traduce a Fidel, contrae con la vida un compromiso político, ético y profesional», refirió, y contó cómo estar cerca de él la hizo procurar siempre ser ejemplar, y hacer lo que se debía en cada momento.

«Fidel era capaz de entender la presión que entrañaba hacer bien nuestro trabajo, una presión que sentíamos pero que iba pasando en la medida en que lo íbamos interpretando. Recuerdo que me aterraba el primer contacto, las cifras, los proverbios, los pasajes bíblicos, los nombres de los peces… todo eso dominado a la perfección por un hombre extremadamente culto», dijo, y añadió que cuando lo advertían de algún peligro, siempre protegía a las mujeres.

El trabajo no concluía con la traducción del momento, declaró. A Fidel le interesaba saber cómo había reaccionado su interlocutor al escuchar determinados contenidos en la voz de los intérpretes y ese era también el trabajo de ellos.

María Elena Silva, quien consideró haber sido de sus traductoras «eventuales» compartió simpáticas anécdotas y aseguró que los que tuvieron la experiencia de trabajar con Fidel lo tendrán siempre grabado en su memoria. «Traducir a Fidel es muy impresionante. Era muy didáctico a la hora de expresarse y cuando se daba cuenta de que no lo habíamos entendido, repetía», aseguró.

Jesús Irsula fue su traductor de alemán durante una década, y comenzó su intervención refiriendo la importancia que le dio Fidel siempre a las lenguas extranjeras y a la traducción, porque entendía que eran imprescindibles para que todo el mundo supiera qué era la Revolución. En sus palabras, aludió a un texto suyo en el que dejó escrito: «Además de todas sus virtudes humanas y de su lucidez como estadista, Fidel era un gran maestro de las relaciones internacionales y concedía siempre a sus traductores una importancia y un reconocimiento inigualables.

«Recuerdo que, después de uno de los largos encuentros con uno de los visitantes de Alemania Occidental, acompañó a su interlocutor hasta el elevador y le dijo: “Permítame felicitar al intérprete, que lleva poco tiempo conmigo y ha estado cuatro horas traduciendo sin tomar ni agua y sin chistar”. Yo no sabía cómo reaccionar. Solo le dije: “Comandante, es mi deber y un gran placer”».

Para Gisela Odio, traductora de árabe, Fidel podía hablar de todo con todos. Para trabajar con él, había que estar todo el tiempo pegada al tema del momento. Había que tener fortaleza, porque las entrevistas eran casi siempre de madrugada, relató. No mostraba incomodidad ante un error, sino que procuraba hablar más despacio, mirarte, no agregar más tensión al intérprete.

Era una persona con un pensamiento tan estructurado, tan claro, que hacía más fácil nuestro trabajo, continuó. Creo que Fidel nos mimaba, y en alguna ocasión se refirió a nosotros como «mis amigos, los traductores», concluyó.

Para cerrar el panel, tocó su turno a María Llorens (Mayrita), traductora de vietnamita, quien tuvo a bien recordar las palabras de Fidel al celebrar el 25 aniversario del ESTI, en que los llamó, precisamente «queridos viejos amigos». La panelista, entre otros elementos, remarcó con orgullo las impresiones del líder cuando aseguró no recordar un solo caso de traición de sus traductores, conocedores de temas extremadamente sensibles para la Revolución.

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