ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Foto: Estudios Revolución

El teatro Karl Marx de la capital cubana se estremeció este jueves con la emoción, la memoria y el compromiso de una nación que celebra el centenario del hombre que marcó para siempre su historia.

Allí, en el acto político-cultural por el centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y la clausura del I Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro, Cuba volvió a encontrarse con el líder en la voz de su pueblo, en la presencia de sus compañeros de lucha y en la solidaridad de hombres y mujeres llegados desde diversos rincones del mundo.

La gala contó con la presencia del General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder al frente de la Revolución; del Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y del Comandante del Ejército Rebelde José Ramón Machado Ventura, junto a otros miembros del Buró Político, del Secretariado y dirigentes del Partido, el Estado y el Gobierno, de las organizaciones juveniles y de masas.

También asistieron representantes del cuerpo diplomático acreditado en Cuba, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior, así como una amplia representación del pueblo cubano.

Desde ese escenario, Díaz-Canel afirmó una verdad que trascendió las fronteras de la Isla: «Fidel vive, como viven para siempre las mujeres y los hombres de las más diversas épocas, geografías y etnias que consagraron su vida a la lucha por un mundo mejor para todos.

«Es el centenario de un guerrero, de un rebelde, de un luchador, de un justo de Cuba, de África, de Asia, de América Latina y el Caribe. Un justo de la humanidad».

Foto: Estudios Revolución

El Jefe de Estado se refirió a quienes asistieron al Coloquio y dijo que «más de 1 500 participantes de 63 países, incluyendo 500 cubanos, desbordaron cada día los múltiples espacios del Palacio de Convenciones durante el I Coloquio Internacional por los cien años de Fidel. Por cada delegado quedaron miles interesados que no pudieron llegar del exterior y muchos más cubanos que no pudieron acreditarse por elementales problemas de logística.

«Queda a los organizadores la responsabilidad de socializar las ponencias presentadas, con sus indudables aportes y no pocas revelaciones de quienes trabajaron directamente con el Comandante en Jefe, o se han dedicado por años a estudiar la impronta de su liderazgo.

«Agradecemos a todos los participantes e invitados por sus aportes personales o colectivos al valioso legado que guarda con celo supremo la institución que honra la vida y la obra de nuestro Líder histórico».

Significó que, en medio de la crudeza del brutal e inmoral cerco imperial que busca el exterminio de nuestro pueblo, esta celebración fidelista desde La Habana se recordará como otro desafío vencido a golpe de voluntad. «Un imposible convertido en hermosa y palpable realidad», aseguró.

«Por el esfuerzo y la solidaridad con que ustedes, hermanas y hermanos, han llegado dispuestos a todo, costeando gastos desde países distantes, cargando maletas de donaciones y sin exigir condiciones materiales de ningún tipo, toda nuestra gratitud», agradeció el Presidente.

SER FIDELISTA ES UNA HONORABLE ACTITUD ANTE LA VIDA

«Fidel no es solo de Cuba. Fidel es de todos los revolucionarios del mundo que admiran su obra y comparten sus ideas. Fidel es de toda la humanidad», manifestó con convicción el Primer Secretario del Comité Central del Partido.

Prosiguió asegurando que «Ser fidelista no es profesar una especie de fe. Es una honorable actitud ante la vida. Ser fidelista es definirse como permanente luchador antimperialista y contra todas las injusticias del mundo. Y celebrar la eternidad del Comandante en Jefe significa, en primer lugar, volver a derrotar a quienes intentaron asesinarlo más de 600 veces y solo consiguieron engrandecer su figura.

«El soldado de las ideas está de vuelta de un modo que debe aterrar a sus adversarios. Cientos, miles de personas de las más diversas edades y credos de casi todo el mundo están ensanchando su legado, no solo para aliviar la natural nostalgia por su ausencia, que también sentimos y forma parte de las fuertes emociones compartidas sino, y sobre todo, para emprender nuevas rutas en la batalla por el futuro: sin rendirse, sin venderse, sin someterse a la voracidad del imperio decadente que actúa sin apego a más ley que la ley del despojo y la codicia. ¡Fidel vive! ¡Viva Fidel!

Foto: Dunia Álvarez Palacios

«Nos sumergimos a fondo en el ideario de un infatigable explorador de la historia y de la condición humana, que se nutrió de lo mejor y más útil del pensamiento universal con una agudeza excepcional y se distinguió por una ética que, como imbatible chaleco moral contra el que se estrellaron los peores ataques de sus enemigos, lo consagró ante la historia como paradigma del auténtico revolucionario en el escalón más alto de la especie humana.

«Sé que ustedes coincidirán conmigo: tendremos por delante muchos más aniversarios para celebrar sus ideas.

«Por lo que contaron los médicos y maestros, lo que argumentaron los científicos y los líderes religiosos, lo que señalaron artistas e intelectuales, lo que expresaron deportistas y combatientes, lo que revelaron diplomáticos y parlamentarios, y lo que validaron los jóvenes, permítanme decirles que sentimos muy vivo a Fidel en todos los espacios de este Coloquio. Lo vimos multiplicado en cada uno de ustedes.

«De manera especial, Fidel se sintió en el Foro de la juventud. Como les comenté a ellos después de escuchar sus intervenciones, la mayoría muestra una madurez impresionante, sin duda, algunos por la propia complejidad de las sociedades capitalistas enajenantes que les ha tocado vivir.

Foto: Estudios Revolución

«Pero, sobre todo, por sus argumentadas respuestas relativas a las causas de los problemas y el modo en que asumen su militancia y la expresan defendiéndola orgullosamente, a pesar de los riesgos y amenazas que deben enfrentar por asistir a la celebración del centenario de Fidel en Cuba en tiempos como los actuales, cuando retornan las prácticas macartistas de la Guerra Fría.

«Les dije con toda honestidad que sin ellos no habría tenido mucho sentido realizar el Coloquio. ¿Quién mejor que los jóvenes para entender el legado humanista y revolucionario de Fidel? Él se lo dejó dicho, y cito: “Mayores luchas y mayores heroísmos todavía se requerirán de las nuevas generaciones. El futuro está lleno de tareas, el futuro está lleno de luchas que requieren conciencia, que requieren temple y que requieren espíritus revolucionarios”.

«Al hablarles pensaba en Fidel, siempre cerca de los jóvenes, a los que encomendó las tareas más importantes constantemente.

«Por experiencia propia, él sabía que la juventud es la etapa más apasionadamente revolucionaria de la vida. Pensaba en el Fidel estudiante de Derecho, que también matriculó Ciencias Sociales como parte de sus inquietudes políticas y que siempre reconoció que en la Universidad se hizo revolucionario.

«Pensaba en el muy joven Fidel que se enroló en la expedición de Cayo Confites para ser un soldado más contra la dictadura de Trujillo, que ensangrentaba a la vecina República Dominicana. En el dirigente estudiantil que conoció al líder colombiano Jorge Eliécer Gaitán y vio el torbellino del Bogotazo.

«En el militante de la ortodoxia que dignificó el periodismo convirtiéndolo en denuncia pública y terminó escogiendo el camino de la lucha armada cuando el golpe de Estado batistiano cerró todas las salidas constitucionales.

«Por eso no dudé en reconocerlos y en nombrarlos como la generación del centenario de Fidel.

«Y no están solos. Hoy también nombramos a los amigos solidarios que han dedicado toda su vida a la causa de la defensa de Cuba. Los más jóvenes pueden reconocer en ellos su experiencia y admirar su dedicación a esta lucha. El movimiento internacional por Cuba y las causas justas tiene nombres y apellidos de hombres y mujeres incansables en todos los continentes.

«Urge articular y unir todas las fuerzas y armarnos de ideas progresistas, emancipadoras, socialistas, sin miedo a las palabras, que es lo que pretenden los enemigos de los pueblos para paralizarnos en el momento en que movilización equivale a salvación.

«La reemergencia del fascismo en el mundo le está imponiendo al Sur Global una guerra ideológica que, en su dimensión cultural y mediática, insiste en blindar el capitalismo como hegemónico destino, subordinado a la lógica imperialista. Intentan borrar la memoria histórica, descolonizarnos culturalmente y romper nuestras identidades.

«Paralelamente, y en función de los mismos objetivos, transcurre la guerra mediática con sus campañas de desinformación, de intoxicación, dirigidas contra los más elementales valores humanos, como si resultaran obsoletos, con el fin de justificar guerras y agresiones tan incompatibles con el derecho internacional como el genocidio en Gaza, la agresión a Irán o el cerco energético a Cuba.

Foto: Estudios Revolución

«Hace exactamente diez años y un día, el 12 de agosto de 2016, Fidel publicó una de sus conocidas Reflexiones en vísperas del que sería su último cumpleaños físicamente entre nosotros.

«En ese texto, que hoy adquiere renovada vigencia, –y les pido que los más curiosos traten de leerlo–, ahora de manera especial, aflora la memoria poderosa y sensible del hombre que, a punto de cumplir 90 años, recuerda su niñez, a su padre emigrante español y a Birán, la finca familiar donde aprendió a amar la naturaleza y a nutrirse de las primeras luces del mundo moral de la ética cubana, bebiendo de la historia patria, ya para entonces cargada de auténticas epopeyas heroicas.

«Encontramos también al Fidel de la curiosidad infinita, muy atento a los avances de la ciencia y en permanente desvelo por el destino de la especie humana, pero también y siempre vigía insomne, crítico justo y severo del vecino poderoso, al que jamás dejó de emplazar públicamente, aun a contracorriente, poniendo en evidencia a lacayos y entreguistas.

«Cuando el régimen fascista estadounidense arrecia el genocidio contra nuestro pueblo, obstaculizando por todas las vías el bienestar y la calidad de vida, en Fidel sigue estando la clave de que sí hay salida, por muy difíciles que sean las circunstancias y por mucho que se cierre el cerco.

«De Fidel aprendimos que siempre hay que salvar tres principios irrenunciables, y los cito: la independencia del país, la Revolución y los valores y las conquistas que el socialismo representa.

«Bajo esa premisa emprendemos un desafiante proceso de transformaciones económicas y sociales, con la prioridad en el bienestar del pueblo y en la justicia social que tanto él defendió.

«Como dije en la inauguración del Coloquio, la presencia de tantas personas en la Cuba cercada, bloqueada, acusada por el imperio para impedir que su ejemplo contagie a los rebeldes de todas partes del mundo, nos permite levantar a la memoria de Fidel Castro Ruz en su primer centenario.

Foto: Dunia Álvarez Palacios

«Solidarios del mundo, ustedes son la fuerza complementaria de la heroica resistencia del pueblo cubano, forjada con lo que el General de Ejército Raúl Castro definió como la permanente enseñanza de Fidel, y cito: “Que el hombre es capaz de sobreponerse a las más duras condiciones si no desfallece su voluntad de vencer; hace una evaluación correcta de cada situación y no renuncia a sus justos y nobles principios”.

«Gracias por estar y acompañarnos en esta celebración inolvidable.

«Fidel está en cada profesional cubano de la Medicina que salva una vida, la mayor parte de las veces sin disponer siquiera del medicamento indispensable. En los educadores que no abandonan las aulas ni en la ciudad ni en la montaña.

«En los millones de trabajadores que, a pesar de las dolorosas limitaciones de recursos esenciales que nos impone el bloqueo, llegan a su puesto de trabajo todos los días. En cada combatiente que está dispuesto a dar la vida por la Patria y el socialismo.

«Cuando los historiadores del futuro miren atrás en el tiempo buscando a Fidel Castro Ruz, al Comandante en Jefe, ya no verán solo a un hombre. Verán a su pueblo y a millones que, inspirados en su ejemplar vida, se ganaron un lugar en la historia enfrentando sin rendirse al más poderoso y criminal imperio y venciendo».

Las palabras del Presidente encontraron respuesta en el escenario. La Colmenita llevó al Karl Marx una obra especialmente concebida para honrar el centenario del Comandante en Jefe, en una presentación donde la ternura de los niños dialogó con la épica de una vida consagrada a Cuba y a la esperanza de un mundo mejor.

 Junto a ellos estuvieron glorias del deporte, destacados científicos cubanos, personalidades y artistas, convirtiendo la gala en un abrazo de generaciones y saberes diversos, alrededor de una misma memoria.

Entre canciones, luces, voces infantiles y evocaciones, el teatro volvió a ser espacio de encuentro con Fidel: con el joven rebelde, con el estadista, con el combatiente de las ideas, con el hombre que hizo de la solidaridad una bandera y de la dignidad un principio.

Y mientras el telón anunciaba el cierre de la jornada, en la sala quedó una certeza que desbordó las fronteras de Cuba y dio sentido a cada momento del Coloquio: Fidel vive, porque su legado continúa andando en quienes no renuncian a luchar por un mundo mejor.

Fidel Foto: Dunia Álvarez Palacios
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