ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

En la última sesión de trabajo de nuestro Parlamento, este se ha ocupado de un tema que ya se debatía en todo el país: la tremenda alza de los precios de los productos fundamentales para a la subsistencia diaria, lo cual produce una contracción significativa en los salarios reales. En este asunto, como en tantos otros, intervienen múltiples factores, principalmente una oferta que no alcanza a los ni­veles de satisfacción de las necesidades existentes. Sin embargo, igualmente hay ciertos agentes de orden subjetivo que complican más la situación y deben enfrentarse con inteligencia y voluntad a la mayor brevedad. En tal sentido los planes para la recaudación de dinero de ciertas empresas estatales, así como la débil estructuración de un mercado mayorista tienen fuertes implicaciones en el fenómeno.

Un simple vistazo a los precios de las tiendas (tanto en CUC como en pesos) nos deja una visión irrefutable de tal situación pues los precios son de horror, con ganancias que en ocasiones exceden el 100 %. Hay que recordar que una de las funciones del Estado es servir de modelo de comportamiento ético para sus ciudadanos. No obstante, además de eso ya de por sí primordial, la dimensión de dichos precios establece importantes efectos secundarios para otras actividades comerciales. De hecho, los llamados “cuentapropistas” deben comprar muchos de sus insumos, así como otros productos en esos precios, de ma­nera que al vender lo que producen incrementan los valores para obtener sus beneficios. Un ejemplo es la venta de refrescos y cervezas que se ofertan en los restaurantes particulares. Es­tos se adquieren (solo pueden ha­cerlo ahí) en las tiendas por CUC y entonces los dueños le aplican un por ciento para su dividendo. Esa es una práctica diaria y conocida que los convierte en revendedores legalizados.

Respecto a esto sería necesario para un debate serio que los periodistas investigaran e hicieran pública la relación entre costos y precios de los productos que se ofertan en las distintas tiendas para poder analizar hasta qué punto este sistema de precios no marca la línea decisoria en tal cuestión. Asimismo se hace imprescindible una reglamentación que fije un por ciento de ganancia racional y sensato para todos. Construimos el socialismo pe­­ro hemos dado lugar a la más terrible de las leyes del capitalismo: la de oferta y demanda, con ganancias prohibitivas. Eso debe y puede resolverse con una regulación de mercado se­gún gastos y en concordancia con nuestro contexto, estableciendo un por ciento de ga­nancia que nunca vaya más allá de lo que es­tablecen los especialistas al respecto (entre el 15 al 30 %, según exponen).

Así habría mejor nivelación entre salarios y gastos de modo que nuestro pueblo tuviera cierto alivio, aunque bien se sabe que solo una producción sostenida, suficiente y variada puede normalizar los precios. Creo que es algo que merece nuestra atención e intervención inteligente e informada.

Manuel García Verdecia
Ángel Guerra 115 altos,
e/ Mártires y Máximo Gómez,
Holguín

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EDY dijo:

11

1 de marzo de 2016

14:31:48


En una economía planificada como la nuestra y con una fuerte presencia del estado en todo su gestión,es realmente absurdo pensar que los precios de los productos estén regulado por la ley de oferta y demanda, eso es como cruzar vaca con puerco.Considero que el actual estado de los precios jamas se regularan por el incremento de la produccion ,eso es pura fantasía,se hace necesario una objetiva y perentoria intervención del estado,que a mi juicio erróneamente se ha apartado a un lado y a puesto en practica la ley de la selva,la oferta y la demanda es unas de las leyes mas despiadadas del capitalismo y somete a los trabajadores a una presión agónica. los precios tienen obligatoria mente que ser regulados por el Estado. Las ganancias de las empresas y cualquier actividad comercial, tiene que ser regulada y debe tener un tope, como ocurre en las mayorías de los países.por regla general esta no sobrepasa el 30%. No es posible practicar el socialismo para algunas cosas y para otra el capitalismo , es incuestionable que el aceite y el vinagre no ligan. Y reitero seguir pensando que los precios se regularan cuando aumente la producción es una retorica que se burla de la inteligencia nuestra. si no échele un vistazo a la situación mundial de los precios del petroleo y saque usted sus propias conclusiones

Katia Soler dijo:

12

2 de marzo de 2016

16:45:26


Raúl dijo que los frijoles del pueblo eran un arma estratégica y que no se podía olvidar. Pero se le dado de lado y estamos permitiendo principios capitalistas en la economía, principios que tanto criticó Fidel, cuando incluso no procede. El Estado se ha hecho de la vista gorda de un problema tan fundamental para el Pueblo y la Revolución.

Arnaldo Evaristo Collazo Aranda dijo:

13

21 de marzo de 2016

15:59:55


Verdaderamente resulta vergonzoso la situación de los precios en el comercio interior cubano, los salarios son simbólicos desde hace mucho tiempo y qué decir, de la ley elemental de oferta y demanda en el mercado, en ningún caso se cumple, solamente voy a referirme con un simple ejemplo del mercado agroalimentario, cuando sucede que la calidad de los productos sufre un envejecimiento natural, en nuestro país resulta un hecho risible que mientras más envejece el producto más caro se hace, es decir, no se va a encontrar un producto del mercado agropecuario que le bajen su precio cuando haya perdido calidad, eso es por citar solo un caso, los precios están inflados en alto porcentaje de su costo de producción, incluso en los productos nacionales. Discúlpeme porque mi comentario solo ha sido a censurar las malas prácticas en los precios del mercado interior cubano, y les confieso que no sé, verdaderamente, cuál sería la solución inmediata al problema abordado pero pienso que deben de revisarse con mayor profundidad las políticas de los precios en el mercado interior, al final el eslabón cadena que más se afecta con todo esto es la familia cubana con un nivel de ingresos muy bajos y con los precios del mercado cada vez más altos hace que la economía doméstica o familiar sea cada vez más asfixiante e insostenible.